El libro y la hermandad

El libro y la hermandad. Iris Murdoch, 1987. Trad. Jon Bilbao. Madrid: Impedimenta, 2016

El pájaro azul

En el acto final del ballet La bella durmiente, uno de los más populares del repertorio clásico de todos los tiempos, durante la celebración de las bodas de la princesa Aurora con el correspondiente príncipe aparecen varias parejas de invitados que ejecutan sus respectivas coreografías de pas de deux con variación independiente; todos son personajes de otros cuentos infantiles como “Caperucita Roja”, “El gato con botas” o “El pájaro azul”.

Para quien no lo sepa: “El pájaro azul” es un cuento infantil que en tiempos de Charles Perrault debió de ser muy popular. Largos años de mi infancia (en la era pre-internet) se centraron en la búsqueda del argumento de dicho cuento. Gracias a mi madre, cuya labor investigadora nunca me cansaré de alabar, pudimos concluir que trataba de lo siguiente: princesa enamorada de muchacho pobre y rey padre que descubre el idilio y los separa para que, tiempo después, una hechicera se apiade del chico vagabundo y lo convierta en pájaro azul que pueda visitar a su amada cada noche y cantarle desde la ventana.

Pues con El libro y la hermandad, al igual que con las demás novelas que conozco de la autora (si hay ganas, hay por aquí entradas sobre El unicornioEl mar, el mar,Bajo la red y la conferencia Iris Murdoch, en su centenario) me sucede algo similar a lo que sucede con los cuentos de hadas: que lo mágico se traslada a lo humano y el chismorreo entre colegas se vuelve narración de peso. Ese colectivo de amigos, antiguos compañeros de Universidad que se reencuentran una noche de verano en la que todo, de nuevo, se complica, a mí me parecen pájaros, algunos aves majestuosas y otros pajarracos asilvestrados pero todos criaturas con necesidad de batir alas y arrancarse a volar hacia donde sea.

La intensidad de la juventud y el estallido multicolor de la década de los ochenta se mezcla con los rencores de las expectativas no cumplidas y los desengaños amorosos. Todos los personajes de El libro y la hermandad tienen motivos para querer huir o para preferir quedarse y casi todos esconden algo: uno de ellos, la figura fascinante y casi sagrada que acostumbra a incluirse en las novelas de Murdoch, debe escribir un libro financiado por los demás y con ese pretexto se revoluciona el universo a un lado y a otro de los barrotes de esa jaula vital que los contiene a todos.

Si el pájaro azul, víctima de la desigualdad de clases, se consuela trinando para siempre en la ventana de la princesa Florine  los hombres y mujeres cuyas infidelidades y ambiciones sostienen la enredada trama de El libro y la hermandad aceptarán su destino con mejor o peor fortuna, muchos a picotazos. La batería de saltos del primero (aquí un enlace por el Royal Ballet de Londres) es, a día de hoy, uno de los ejercicios más complejos para un bailarín clásico y esta novela, por su parte, una de las cumbres de la narrativa de Murdoch según la contracubierta de esta edición; a Iris Murdoch incluso la incluyó el señoro Bloom en su súper canon de autores conque filigranas y virtuosismos están servidos y redactados.

Y una última cosa: lean por favor el postfacio de Rodrigo Fresán, un grandioso hacedor de alicatados literarios que embellece y saca lustre como nadie a obras ya magníficas. Esta creo que lo es.

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