Reloj sin manecillas

Reloj sin manecillas. Carson McCullers, 1961. Trad. Mariano Antolín Rato. Bruguera: Barcelona, 1984

Lo que flota

… en el limbo en que vivía, a la espera de la muerte, Malone estaba obsesionado con el tiempo. Siempre atosigaban al relojero, quejándose de que su reloj marchaba con dos minutos de retraso o tres de adelanto.

─Ya repasé este reloj hace un par de semanas. ¿Adónde vas para tener que llevar la hora tan exacta como la de los trenes?

La rabia hizo que Malone apretara los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos y juró como un niño enfadado:

¡Qué demonios te importa adónde voy! ¡Qué coño te importa!

En el aire un tipo de virus hasta ahora desconocido del que debemos protegernos e insisten, los que saben: que hay que cuidarse de él porque es “el octavo pasajero”. Más allá de los visillos los balcones el buen tiempo inexplicable, las ganas de seguir como si esto fuera algo normal algo a lo que acostumbrarse. Una nube de incertidumbre nos impide ver qué hay después, debajo, tocando el suelo que pisamos con nuestros piececitos cotidianos y entonces leemos y lo que leemos es, más que nunca, aquello que nos acompaña.

Hacía meses que no me pasaba por el escritorio de esta página web, porque he estado muy ocupada dedicando mi tiempo a perderlo en mi trabajo y ahora que tengo lo primero porque ya no tengo lo segundo, me decido y leo el último libro que compré a una amiga librera, uno de Carson McCullers, el último que escribió antes de morir.

Reloj sin manecillas parece estar hecho con la pasta de la muerte pero entiéndanme: no porque sea sórdido, lúgubre o siquiera contagie un ánimo oscuro al lector sino porque sus personajes conversan e hilvanan las tramas de sus vidas con el peso de esa muerte flotando sobre ellos de manera constante.

Ambientada en una pequeña población de Ohio en la década de los cincuenta, Reloj sin manecillas plantea los miedos y las incertidumbres de cuatro hombres que huelen la muerte a la vuelta de la esquina. La historia obliga a los cuatro a reubicar sus prioridades, a descubrir los escondrijos en los otros habían guardado sus respectivas miserias y a abrazar ese cese de la vida como un estado natural que también forma parte de la existencia.

Lo mismo a la hora de describir la forma en que un personaje se prepara unos huevos escalfados con tostadas que los pensamientos de un huraño y racista juez sentado en la intimidad de su retrete, Carson McCullers (Columbus, Georgia, 1917 – New York, 1967) afila de nuevo sus palabras y hiere, acierta y despierta al lector con ellas.

Una novela que entra y sale del prejuicio, la intolerancia, el racismo y la homofobia para tratar asuntos como la aplicación de la justicia en esos EEUU del sur durante el siglo pasado y quizás, también, durante éste.

Que uno cree que puede controlar el curso de su vida como el de las manecillas de su reloj y lo cierto es que, a veces, los relojes simplemente adelantan, atrasan o dejan de funcionar y todo lo demás flota.

2 comentarios sobre “Reloj sin manecillas

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  1. Carson McCullers siempre es una buena opción. El de esta entrada me suena haberlo leído en alguna reedición posterior, no en ésa. No lo tengo ya reciente, eso es cierto.

    Siendo leer lo del trabajo. Ojalá el que el blog tuviera actividad no fuera por ese motivo. Mucho ánimo con eso, y con el tiempo y el virus.

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