Iris Murdoch, en su centenario (1919-2019)

Iris Murdoch, en su centenario (1919-2019). Conferencia a cargo de Ignacio Echevarria. Madrid, Fundación Juan March, 29/01/2019

Cómo ser buenos

Me temo que nada es importante. Antes compartía en este blog un fragmento de un texto de R.L. Stevenson en donde el autor explicaba los motivos por los cuales un autor no debería nunca pensar que lo que escribe es importante, que va a trascender o que va a significar algo para alguien en un futuro. Adoro ese texto porque da una idea muy clara de aquello de lo que pecan la mayoría de los tropecientos mil escritores y escritoras que campan por el universo editorial contemporáneo, de las ínfulas de trascendencia que muchos ─valientes ignorantes, demasiados─ traen consigo en cuanto empiezan a ver que sus libros se venden.

Iris Murdoch (Phibsborough, Dublin, 1919 – Oxfordshire, Reino Unido, 1999) escribía  para que sus lectores se entretuvieran y aspiraba a no ser malinterpretada. La complejidad de sus novelas hace que quien se acerca a ellas alcance un punto de no retorno que si traspasa ya no le abandona: O no lee nada más o persigue seguir leyendo todo lo que encuentre.

Ayer, en una conferencia ofrecida por Ignacio Echevarría (Barcelona 1960) en la rancia y exquisita Fundación Juan March de Madrid, se habló de la vida fascinante de esta escritora, se dieron pautas sobre cómo y por dónde comenzar a leer sus textos, qué entender y qué no de los mismos, cómo fundir sus ideas sobre filosofía moral, el eterno trabajo del hombre por tratar de ser bueno en su proceso de conocimiento del otro y los argumentos de sus historias al modo de un sándwich mixto y también, sobre la supuesta necesidad de despreciar la película Iris (Richard Eyre, 2001) inspirada en el libro de su viudo J. Bayley Elegía a Iris porque Ignacio Echevarría, desde su atril diminuto en aquel escenario, dijo que le parecía “impúdica”.

Yo vi Iris cuando no sabía quien era Murdoch. Cuando veinte años después leí El unicornio recordé aquella película y me sentí orgullosa de haber tenido la osadía de verla con una amiga que me convenció para hacerlo porque salía “la chica de Titanic“. Así las cosas, todo suma.

No sé si El unicornio es la mejor novela para iniciarse en el campo de conocimiento de su autora. Después de aquella para mí vino otra, luego  otra y aun tengo la suerte de contar con un ser querido que me ha regalado un lote de ediciones antiguas de sus libros sin traducir que algún día me daré el gusto de leer y entretenerme tratando de no malinterpretarlos.

Nada es importante .

 

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