El mar, el mar

El mar, el mar. Iris Murdoch. Trad. Marta Guastavino. Barcelona, Lumen, 2004

Menacingly quiet

Es la segunda vez que me enfrento a la brutal, magnífica, devastadora e intimidante prosa de Iris Murdoch. No será la última. Vendrán muchas más con el tiempo, inevitables, igual que se suceden las mareas, el oleaje y la resaca.

Las resacas, qué terribles.

Anoche soñé que me hundía para siempre en un mar que no era azul, como suelen serlo siempre las imágenes que tenemos de él cuando lo evocamos. Mi mar era oscuro y me devoraba. He concluido que leer está novela debe de haberme afectado algo.

El mar, el mar se presenta ante lector como unas memorias de su personaje protagonista, un dramaturgo en fase de desconexión del mundillo de la farándula, que se retira a una caserón en cierta costa inglesa. Desde allí, comenzará a escribir su vida, o lo que más y mejor recuerda de sus experiencias recientes y se enfrentará a los golpes de la memoria. Allí, inmerso en esa soledad, recibirá visitas y coincidirá con gente que no le es ajena, que forma parte de esa vida suya que quiere olvidar, no sin antes preservarla por escrito.

A su alrededor, la presencia del agua por la mañana, al mediodía y por la noche; mar que amanece y refleja luces, que devuelve sombras y sorprende por su escalofriante paz al anochecer. Un mar que se deja oír mientras a Charles Arrowby le sacuden los recuerdos.

Al igual que sucedía en El Unicornio, la historia carga su dramatismo en el sufrimiento de una víctima casi voluntaria, alguien que decide entregarse al sacrificio y a quien castigan sus seres más cercanos. Si aquella jugaba con el simbolismo de unos personajes animalizados que entraban y salían de una casa al borde un acantilado, en El mar, el mar son esperpentos teatrales que con riñas y celos, envenenamientos amorosos y romanticismo de folletín, provocan al protagonista hasta hacerlo perder la cordura.

Él, igual que el mar: se entrega y se pierde en la espuma de sus enemigos y sus amantes; se deja arrastrar por ellos y los devora, como un monstruo marino.

Ellos, a veces como ese monstruo, son los que lo atacan y pretenden aniquilarlo.

Aterrador relato. Maravilloso revuelto de emociones y vidas.

Una resaca espantosa.

 

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