A Summer Bird-Cage

A Summer Bird-Cage. Margaret Drabble.  London, Penguin Books, 1967

Sisterhood (and being a woman)

“I was intimidated and inhibited by the fact that he was a novelist, with four novels to his credit, all of which had received rather flattering reviews. Success is always scaring, particularly to the ambitious. Also I hated his books […] if one hadn’t known him one would have assumed that their author was sour, middle aged and queer, whereas Stephen is sour, thirty and married to my sister, whatever that may or may not mean”.

Estamos en lo de siempre: esos momentos esplendorosos e impredecibles en los cuales lees una novela y no puedes parar de tomar notas, subrayar y dar gracias a quien te la ha recomendado/regalado/prestado porque te conoce bien y en el mundo a veces hay destellos de armonía.

Publicada por primera vez en 1963, cuando su autora (hermana de la rancia A.S. Byatt de quien alguna vez escribí algo por aquí) tenía 24 años, cuesta imaginar distanciamiento alguno entre la personalidad de quien narra y protagoniza el texto y quien lo escribe pero pensemos que la hay; pensemos que esa Sarah que regresa  a su casa tras la etapa universitaria en Oxford y una posterior estancia en París, que asiste a la boda de su hermana mayor y pluscuamperfecta con un escritor insoportable no es Margaret Drabble. No tendría por qué. Podría ser cualquiera.

A Summer Bird-Cage podría ser una novela sobre la relación entre hermanas, la familia y la superación de los complejos y frustraciones autoimpuestos pero creo que va mucho más al fondo de otras cuestiones. Trata el prejuicio y el orgullo que fermentan con los malentendidos, la envidia, los celos y la confusión existencial a esa edad en la que se supone que debes tener claro lo que hacer con tu vida pero te has divorciado, o has regresado a casa de tus padres o no encuentras trabajo, esas historias; destila además un feminismo rabioso de los que muerden y dejan marca:

‘I’ve always rather fancied you as a don[1]‘, said Louise.

‘I used to fancy myself as one. But I’ll tell you what’s wrong with that. It’s sex. You can’t be a sexy don. It’s all right for men, being learned and attractive, but for a woman it’s a mistake. It detracts from the essential seriousness of the business. It’s all very well sitting in a large library and exuding sex and upsetting everyone every time your gown slips off your bare shoulders, but you can’t do that for a living. You’d soon find yourself having to play it down instead of up if you wanted to get to the top, and when you’ve only got one life that seems a pity’“.

[1] catedrático/a de una Universidad británica.

A Summer Bird-Cage es increíblemente contemporánea: entre el sarcasmo brillante de su narradora y la sucesión de diálogos que parecen tomados del natural cuesta creer que quien lo escribió, hoy una anciana de 79 años, lo hiciera hace cincuenta y seis primaveras. Nada menos.

Twitteros e influencers del verbo: no sois absolutamente nadie, me temo.

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