Nos vemos allá arriba

Nos vemos allá arriba. Pierre Lemaitre. Trad. José Antonio Soriano Marco. Barcelona: Salamandra, 2014

Condescendencia

Perdone ¿le falta algo? ¿Ha habido algún problema?

El cliente se asoma por encima del datáfono en donde acabo de cobrar a su compañero y frunce el ceño como si algo no le convenciera, escéptico, extrañado. Levanta la vista y luego me sonríe.

¿Cómo? Perdón… No, estaba tratando de ver de qué libro se trata.

Tomo el ejemplar y se lo muestro. Lo estoy leyendo a ratos, aprovecho para hacerlo cuando no entra nadie en la tienda.

─Pierre Lemaitre… ¿lo conoce?

─Un excelente autor de novela negra. ─Su amigo se ha adelantado en responder con aplomo, tajante─ Es un escritor francés muy famoso…

No le doy tiempo a responder. El otro ya ha salido por la puerta y lo espera con cara de impaciencia. Parece que le ha molestado algo, no sé qué pero algo no ha salido como él esperaba en ese amago de conversación, o lección o lo que fuera.

Unos días después de esta extraña lluvia de ideas no solicitada termino la novela. Qué maravilla. Una historia de amistad, de víctimas y de verdugos, de trampeadores y de supervivientes, de amor, de sexo, de desamparo y sufrimiento, pero, aunque me empeño en buscarla, no encuentro la novela negra por ningún sitio.

Una historia, sobre todo, de amistad, la de dos hombres muy diferentes que cruzan sus vidas por azar, que se detestan a veces y se cuidan casi siempre, que se necesitan todo el tiempo y cuyas circunstancias y transformaciones hacen dudar al lector (hasta que no llega al epílogo que lo aclara) sobre la veracidad de unos hechos interesantes desde el primer párrafo y hasta el final.

Lo cierto es que la anterior ocasión de acercarme a este autor tampoco me dio a entender que aquel texto fuese nada parecido a una novela negra ¿o puede que sí? No sé. Estaré confundida.

Nos vemos allá arriba adopta a menudo una actitud sarcástica con el lector, el tono de su narrador omnisciente pero guasón, que todo lo sabe pero decide cómo y cuándo quiere contarlo merece un aplauso; los saltos de una trama a otra son pura droga para el lector que siempre quiere saber más, porque, como sucede cuando un libro es bueno y cuando una historia está bien contada, se acaba teniendo la sensación de que se conoce a sus personajes «personalmente», se entiende lo que les pasa, todo es coherente, es así.

Pasa en las mejores novelas, negras o de cualquier otro color o eso dicen los expertos supervisores, un asunto bien distinto será si hacerles caso o no.

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