Los perales tienen la flor blanca

Los perales tienen la flor blanca. Gerbrand Bakker. Trad. María Rosich. Barcelona: Rayo Verde, 2015

Blue is the coldest color

El idioma que habla Gerbrand Bakker no es el neerlandés. Los traductores que nos ayudan a descifrar su narrativa al español (Julio Grande y María Rosich) lo saben y lo respetan. Gerbrand Bakker se expresa en una lengua extraña, austera, pulida de expresiones que sobran y que se enreda en el estómago. Para esta ocasión, que no es la de un granjero escudriñando el mundo desde su buhardilla (Todo está tranquilo arriba, Rayo verde, 2012) ni tampoco la de una especialista en poetas norteamericanas que está de paso allí donde todo pasa de largo (Diez gansos blancos, Rayo verde, 2013) hablan niños, adolescentes y animales y como siempre son colores, olores y demás estímulos los que ayudan a avanzar en el relato.

Es todo terriblemente triste.

Cuentan sus editores que Los perales tienen la flor blanca es una lectura recomendada para jóvenes lectores allí, en el país de su autor, donde además de perales hay muchos tulipanes y molinos de viento. Yo me imagino a un niño mayor, o un joven pequeño atrapado entre las páginas de este libro y pienso que si efectivamente su historia lo convence para reservar un lugar en el espacio de los libros que uno lee cuando es adolescente, quizás pueda ser mejor persona cuando termine de crecer. Puede que entonces tenga sentido recomendar lecturas y sí: diría en ese caso que es un libro triste pero que ha merecido la pena.

En cualquier otra circunstancia diré que a mí, que no soy neerlandesa y que estoy más cerca de los cuarenta que de los treinta esta novela me ha parecido oscura y fría. Muy probablemente sea para mí la más oscura y más fría de las tres que conozco del autor, la más apegada a asuntos reales y cotidianos, la menos simbólica. Una novela que dice las cosas claramente y sin rodeos, desde puntos de vista diferentes y sin filtros emocionales que tergiversen la acción.

A veces hay que ser claro y a veces conviene más jugar al despiste.

Los perales tienen la flor blanca me ha gustado mucho.

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