El sonido de la caída; Mascha Schilinski, 2025
Los fantasmas del futuro
Existe una novela de Anne Berest cuyo argumento prácticamente he olvidado pero cuya teoría esencial recuerdo perfectamente: los traumas vividos en generaciones previas dentro de una familia acaban sintiéndose o reviviéndose en las posteriores. La idea de que los fantasmas son marcas espectrales en vida de emociones que los muertos dejaron incompletas, o de experiencias terribles que causaron esa muerte y que no terminan de abandonar nunca el mundo de los vivos se relaciona con esta teoría y El sonido de la caída creo que también se relaciona con ellas.
Concebida bajo la premisa de no pretender agradar a nadie, supongo, esta película no sólo se siente incómoda sino hipnótica: a la confusión del espectador, que no logra ubicarse por falta de referencias desde el comienzo y hasta varios días después de haberla terminado, hay que sumar lo desagradable de su temática, a saber: tres historias que se cuentan sólo parcialmente y que toman como escenario una granja alemana, una en algún momento anterior al estallido de la Primera Guerra Mundial, otra en la década de los ochenta, poco antes de la caída del muro de Berlín y otra en lo que podría ser el presente.
En las tres la narración parte de la mirada de una niña o una mujer sobre aquello que percibe, lo comprenda o no. En las tres hay elementos comunes, no sólo la granja como espacio físico que habitan ellas y sus familias sino también el agua del río, las anguilas que nadan en él, moscas cuyo zumbido persistente se adhiere a las secuencias y una amenazante y opresiva presencia masculina. Tanto si pertenecen a la misma familia como si no, que no queda claro en ningún momento (vean esta película con amigos y al salir conversen sobre ella, porque habrá conversación…) las tres historias exponen a mujeres ligadas por una suerte de «pulsión de suicidio», la llamada hacia la desaparición, la voluntad de acabar con una existencia que no merece el esfuerzo, pero tampoco esto se explica del todo.
Los personajes de El sonido de la caída experimentan el dolor y el espectador debe completar sus motivos, no con una narración audiovisual tradicional que ayude a aclarar lo que sucede, sino con un ejercicio que distorsiona sonidos e imágenes sin otro objetivo que el de perturbar. Este recurso siniestro provoca y consigue angustiar (varias personas que asistían al mismo pase que nosotros abandonaron la sala en mitad de la proyección) la estructura se fragmenta en piezas que se mezclan, planos que se alargan, se desenfocan, se oscurecen… y de pronto irrumpe la magia o algo que se le parece bastante y entonces el conjunto de la película debe reinterpretarse para que los fantasmas del pasado se conviertan en claves para resolver enigmas del presente.

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