Nada. Janne Teller. Trad. Carmen Freixanet. Barcelona: Seix Barral, 2011
Nihilismo teen
Los catorce años no son una edad cualquiera. Ya no eres niña porque los niños te aburren, pero tampoco eres siquiera adolescente, porque los adultos todavía no reconocen que te estés convirtiendo en una, algo que sí sucede cuando tienes quince o dieciséis y eso te condiciona. Yo recuerdo mis catorce años con angustia, caminando en una dirección desconocida y abandonando algo para siempre que aun no me había dado tiempo a valorar. Supongo que la autora de Nada guarda un recuerdo similar de sus catorce años: de otra forma, entiendo que no hubiera escrito esta novela.
Los protagonistas de Nada tienen todos catorce años. Uno de ellos decide, como el barón rampante, subirse a un árbol y no volver a bajarse de él y en el proceso, dedicarse a pregonar a los cuatro vientos una serie de píldoras nihilistas con consecuencias desproporcionadas entre sus amigos.
Pese a tratarse de una idea original y llamativa para mí que disfruto de las narraciones inquietantes e inesperadamente terroríficas, Nada me ha aburrido. Su autora añade una nota un tanto pretenciosa al final en donde justifica aspectos que creo que no necesitan ser justificados (menos tratándose de su propio libro) y con ello me amarga todavía más.
Que el ser humano busque significado a todo y se engañe creyendo que haya algo que da sentido a su presencia en el mundo es la premisa; no encontrar ese significado o resignarse a reconocer que siempre habrá alguien que lo pueda rebautizar como «arte» y le ponga un precio desorbitado es una realidad cuyo reconocimiento desata la violencia en esta historia.
Porque es violenta, mucho, y tiene una estructura que juega al suspense pero que se ve venir desde muy lejos, Nada recuerda demasiado a El Señor de las moscas, que es una obra demasiado famosa y demasiado buena como para tontear con ella y reciclarla, pero allá cada uno.
En 2022 se estrenó la adaptación cinematográfica, claro.

Deja un comentario