Death in Her Hands

Death in Her Hands. Ottessa Moshfegh. Dublin: Penguin Vintage, 2021.

La bruja

Cuando vuelvo a ver la película de Robert Eggers que recrea el posible origen del caso de las brujas de Salem, esas señoras en Massachusetts acusadas de ser brujas y que acabaron tan mal, me gusta y me interesa mucho la presencia del bosque la apertura infinita que ofrece a los personajes, cada uno según sus necesidades y condicionados por sus problemáticas particulares.

Lo salvaje, lo que se encuentra más allá de la puerta de la cabaña en donde se establece la rutina y el espacio familiar, lo cotidiano y confiable, ese concepto incontrolable que se expande siempre hacia afuera y bajo las leyes imparables de la naturaleza, ese espacio es el gran desconocido y a veces, en algunas historias, es también el peor enemigo.

Death in Her Hands es una novela de misterio, una extraña historia de obsesiones e intrigas por resolver y en ella también el bosque y su profundidad juegan un papel fundamental para determinar qué le pasa y qué le preocupa a Vesta, su personaje protagonista.

Trazada con los rasgos de una mujer anodina entrada en los setenta, que vive sola con su perro en una ciudad inventada llamada Bethsmane, Vesta se obsesiona durante toda la novela por resolver un supuesto crimen que ha sucedido en los alrededores de su casa, aislada de todo y de todos, en el bosque.

Aunque el punto de partida y el planteamiento sean los da una novela negra «casi» al uso, lo cierto es que Death in Her Hands tiende por otros derroteros y arrastra a su narradora detectivesca a una serie de reflexiones y conclusiones que nada tienen que ver con ninguna muerte, o no al menos tal y como el lector pueda imaginar a priori.

Las obsesiones y el peso de la educación, de la doctrina religiosa, del matrimonio y el amor no necesariamente bien relacionados entre sí son algunos de los temas sobre los cuales vuelve Vesta desde el momento en que encuentra una nota en el suelo y trata de resolver de dónde viene, quién la escrito y a quién se refiere.

Para contarlo, la autora acude a la explicación de los recursos narrativos básicos a la hora de levantar un relato de misterio y esos mismos recursos, que son los que utiliza Vesta para solucionar el enigma después de buscar en internet, son los que dan una lección original e interesante al lector, tanto que una no puede hacer otra cosa que aplaudir a doña Moshfegh y alegrarse de no haberse vuelto a vivir al campo.

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