Los días perfectos

Los días perfectos. Jacobo Bergareche. Barcelona: Libros del Asteroide, 2021

El aburrimiento

Ante una decepción, un disgusto, una mala noticia o un plantón de alguien muy deseado a veces lo mejor es sentarse a leer un libro, pero un libro que entretenga, que logre alejar ese malestar repentino causado por terceras personas. Una buena lectura es lo que busca el protagonista de esta historia para olvidar el mal trago ante el rechazo de su amante, pero lo que encuentra es una caja llena de cartas de Faulkner a Meta, la señora con quien el escritor se lo pasaba bien cuando dejaba a su esposa en Oxford (Misisipi) y viajaba a Los Angeles por «asuntos de trabajo».

Inevitablemente, la lectura, enriquecida con fotografías de algunas de esas cartas garabateadas e ilustradas como si fuesen auténticas viñetas de un cómic del puño y la letra de Bill (como decide firmar William cariñosamente para su querida) entretiene al protagonista y también a los que lo leemos, pero no parece que saque del todo de su hastío a la víctima que ha nacido en él tras la despedida de su amada.

A mí, que escojo esta lectura para pasar el malísimo trago de un confinamiento por contagio de covid en plenas navidades, la verdad es que tampoco.

Es inesperada y original esta unión de dos textos epistolares a dos destinatarias diferentes: a la amante y a la esposa. La trenza que resulta de ambas narraciones unidas a la del propio Faulkner puede llamar la atención, entretener y despertar la curiosidad pero es tan ligera, tan escueta que cuando por fin se remata el recorrido por los pensamientos de Luis al alcanzar el final del libro corremos el riesgo de darnos cuenta de que tal vez no hayamos hecho otra cosa que regresar al punto de partida, a ese momento de inmovilidad tan característico de las historias de infidelidades en las que el narrador, protagonista aburrido y cargado de remordimientos, está a punto de tomar una decisión que no toma nunca, jamás o lo que es peor: se limita a esperara a que alguien acabe tomándola por él mientras él navega por sus recuerdos, sus fantasías y la correspondencia privada de los demás.

Un rollo.

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