El fulgor y la sangre

El fulgor y la sangre. Ignacio Aldecoa (1954). Barcelona, Espasa: 1996

Historia de España

“Hoy es un mal día para los que vivimos en el castillo. Han matado a uno… No se sabe a quién. Han matado a uno de los que han salido al campo. Entiendes ¿verdad? Sabemos que lo traerán luego…”

D., poco acostumbrada a la literatura contemporánea, viene a visitarme y me habla de esta novela. Le ha encantado. “Es un novelón”, dice, me insiste tanto que remuevo bibliotecas, librerías de segunda mano y acervos personales hasta que la encuentro.

La leo.

Paso dos semanas bebiendo a breves sorbos una historia que transcurre en apenas una jornada, desde las dos hasta el crepúsculo de un día de verano: tres, cuatro páginas al día, momentos que reservo para darme un paseo por los caminos de los años cincuenta con un grupo de guardias civiles que conviven con sus esposas e hijos en un castillo de Castilla. Sus circunstancias me explican lo que sucede en ese momento crítico que precede a la revelación de una desgracia. Alguien ha muerto y hasta el final del relato se desconoce su identidad. Intermitentes analepsis dan cuenta de episodios en las vidas de las mujeres, las esposas de cada uno de esos “picoletos”: de dónde viene cada una y cómo llegó a ese castillo con o sin hijos, de qué forma se prepara para conocer la terrible noticia que se alcanza con la caída de la tarde, del sol y de los ánimos de ese grupo de personas sin esperanza en una polvorienta y gris España de posguerra.

Y qué bien las frases concisas, las descripciones a través del habla de personajes desconocidos pero a quienes tan poco cuesta imaginar en ese escenario reseco, de tierra revuelta, de pensamientos que se callan pero que condicionan tanto, siempre, a todos, a todas. Aldecoa escoge principalmente la palabra de las mujeres y con ella perfila la silueta de una tragedia que es fruto del azar y terrible, como todas. La conjetura y el miedo de esas esposas que se anticipan al desenlace desde la primera aparición de una de ellas guían en la lectura y condicionan, tanto que para cuando se sabe qué es lo ha sucedido parece que lo de menos es saber de quién se trata: la historia era otra.

La novela -“el novelón”- ha sido todo lo demás.

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