Traición

Traición. Harold Pinter. Versión y traducción de Pablo Remón. Dirección: Israel Elejalde. Teatro Pavón, Kamikaze. Madrid, 27 agosto – 4 octubre 2020

Isósceles

La amistad bien entendida no debería contener desconfianza. Sin embargo se duda, a menudo, no sólo de lo que no se tiene seguridad sino de aquello o aquellos a quienes se conoce demasiado. A un amigo se lo conoce bien, con sus virtudes y sus defectos y por eso, por sus defectos tal vez haya ocasiones en las cuales no nos atrevamos a poner la mano en el fuego por él o por ella.

Traición, escrita por Harold Pinter y estrenada en 1978, representada en unas cuantas ocasiones y llevada al cine por David Jones en 1983, con guión del propio Pinter es el rebobinado de una de esas historias que, de haberse evitado cuando todavía se estaba a tiempo (en este caso, al final de la obra que es el comienzo en su cronología) nunca hubiera existido.

Con las ganas derivadas de varios meses privados y privadas de cines y teatros, estos días y hasta el 4 de octubre, se recupera la programación del Teatro Pavón, Kamikaze prevista para justo el comienzo de la pandemia que arrasó con todo y puede verse Traición.

Irene Arcos, Raúl Arévalo y Miki Esparbé componen ese triángulo de dos lados iguales y uno diferente: dos parejas en donde falta un miembro que nunca aparece, tres amigos, dos hombres, una mujer y una infidelidad: entre todos hilvanan el recuerdo de lo que en 1968 sucedió y desencadenó el presente con el que comienza la trama, en 1977. Los colores del mobiliario cambian a medida que ese relato retrocede, se ajustan a un contexto concreto cada vez, una ubicación espacial y un estado de ánimo también; los actores anuncian esas acotaciones y, a veces, subrayan determinados pasajes con letreros, no para que entendamos lo que sucede (sabemos que no es necesario) sino para que fijemos la atención en lo que más atormenta a sus personajes: la mentira, la sospecha, la susceptibilidad, los celos… y así, con la técnica de introducir en escena al personaje antes de que se encuentre según el texto, porque alguien piensa en él, como si se lo invocara, el espectador entra en esa lucha triangular que sólo conduce al abismo, a una oscuridad como la del patio de butacas, eso sí, adornado con mascarillas.

Bravo.

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