El adversario

El adversario. Emmanuel Carrère. Trad. Jaime Zulaika. Barcelona, Anagrama, 2000

Pactar con el diablo

Retratar el crimen con objetividad y volcar incluso empatía en el lector de una trama urdida por el más terrible de los malos malvados es un reto del cual pocos autores salen triunfantes. “Los rusos”, que diría mi amiga H., se llevan la palma en este asunto porque ellos y sólo ellos manejan descripciones, escenarios y desenlaces de tal forma que el lector queda colgando de los hilos de sus historias como un auténtico pelele. Venga, Dostoievsky, lo que tú quieras: hasta el malo es humano y a él también lo comprendo. Gracias por contármelo.

Emmanuel Carrère (París, 1957) guionista, biógrafo y novelista de curioso estilo a medio camino entre  lo inquietante, lo desconcertante, lo ambiguo, lo realista y gélido y lo siniestro, se hizo famoso tras la publicación de El adversario allá por el año 2000. Contaba en esta breve novela un suceso real, un terrible crimen que dio la vuelta a los periódicos de todo el mundo en 1993 y lo hizo con objetividad, con frialdad meticulosa de cronista bien documentado sin perder de vista, sin embargo, el punto estrictamente ficticio de la historia.

Ahí es donde a mí me deja sin aliento.

El adversario, que ha incluido Anagrama en su lista de títulos reeditados este año con motivo del 50 aniversario de la editorial plantea los conflictos del que cuenta la historia encarándose con el monstruo y, a la vez, las pesadillas desbocadas del propio monstruo a la hora de urdir paso a paso y con torpeza afortunada esa “doble vida” que lo conduce al asesinato y a la cárcel.

La novela se pega a la piel del lector, pringa con pegotes de rabia e incomprensión y arrastra los demonios de todos aquellos a quienes alguna vez hemos podido llegar a imaginar como enemigos o personas-non-gratas. No se entiende por qué, no se alcanza ni de lejos una justificación de la conducta de este hombre que desde abril de este mismo año disfruta de libertad condicional. El juego entre la ficción narrada y la realidad documentada sostiene la historia con fragmentos de cartas entre sus protagonistas, notas y comentarios del propio Emmanuel-narrador-investigador.

Más allá de la locura, la lucha interna entre el bien y el mal, entre Dios y el Maligno, entre uno mismo y su propio adversario.

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