Basada en hechos reales

Basada en hechos reales. Delphine de Vigan. Trad. Javier Albiñana. Barcelona, Anagrama, 2016

Ven a jugar (al juego de la oca)

 

Aburrida ante la perspectiva de pasarme un fin de semana encerrada en mi casa con la gata de mi compañera de piso venga a soltar pelo sobre mi chándal, leo. Para mi sorpresa, en esta ocasión la lectura tiene un efecto en mis neuronas que lejos de resultar estimulante para actividades como replantearme mi perspectiva sobre el mundo, la ideología política con la cual me identifico, si tal o cual emoción me embarga mucho o poco según se me hable de esto o de aquello, va y simplemente me entretiene. Además me da ganas de escribir novelas, muchas, como si fueran listas de la compra o propósitos de año nuevo: leo la tercera novela de Delphine de Vigan y me creo que soy Stephen King. Ojito.

Basada en hechos reales me ha animado a jugar, sólo eso y no me arrepiento. He jugado a ser lectora escéptica porque eso es lo que nos propone y resistirse no tiene mucho sentido. Basada en hechos reales se basa en frases como la que encabeza la autobiografía de Roman Polanski, que desde que él recuerda, la línea entre la fantasía y la realidad ha estado siempre irremediablemente borrosa. Ella, la autora (la de verdad, no la que aparece en el libro, que las dos se llaman igual pero una concede entrevistas y promociona libros que se compran y la otra sólo habita en la imaginación de los lectores) asegura que hace años escribió una carta a mi director favorito, para decirle lo mucho que le había impresionado siempre su trabajo y que cuando hace relativamente poco, la contactaron para decirle que esta novela suya iba a ser adaptada al cine por él, que casi le da un patatús.

Nosotros nos lo creemos todo. Es real.

Al contrario de lo que sucede con Nada se opone a la noche, esta novela no avanza hacia el lector con el aplomo de lo dolorosamente cierto e inevitable, no nos seduce con promesas de desgracia misteriosa, no: Basada en hechos reales es una tomadura de pelo con montones de guiños al cine de mi director favorito, es una mentira tramposa pero oigan, que puede tenerla a una enredada un fin de semana completo y eso está muy bien.

La intención más que evidente y muy poco delicada de encajar con el estilo, las pautas y los recursos habituales de las películas de Roman Polanski se huele desde lejos. Diría que me ofende y me disgusta, porque acto seguido comparo el trailer con el texto y me dan ganas de salir corriendo pero ¿acaso no me había sucedido algo similar cuando leí El poder en la sombra? ¿No había tenido entonces la misma sensación de leer un texto que se servía en bandeja al director como refrito de sí mismo? Y sin embargo, la película es muy digna. Mucho.

La narradora hace partícipe al lector de sus cuitas y sinvivires respecto a la separación entre lo cierto y lo falso, lo real y lo ficticio. El planteamiento es ingenioso y si no fuera porque llega un momento en que no hay quien se crea que alguien tan inteligente como Delphine de Vigan pueda dejarse a arrastrar por una zumbada como L. hasta el punto en que lo hace, todo iría sobre ruedas más o menos bien engrasadas.

Pero insisto: dos días jugando. Mis respetos.

 

 

 

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