Kanada

Kanada. Juan Gómez Bárcena. Madrid: Sexto Piso, 2017

El quimérico superviviente

Con el tesón de un insecto (bichos tenaces, no me digan que no) vivimos aferrados a la idea de introducir el hilo narrativo en nuestras vidas. A veces a la fuerza. Queremos narrarnos con un planteamiento y una resolución final que dé lógica al absurdo de nuestras meteduras de pata y nuestras terribles tomas de decisiones. Necesitamos eso, como el comer (puede que incluso más que el propio alimento).

Pero esos desenlaces no explican nada, nunca. El final simplemente llega y a veces, como cuenta este libro: ni siquiera existe.

Kanada quizás reconcilie al lector escéptico con la prosa de Juan Gómez Bárcena (a lo mejor no escéptico pero sí desinformado, me incluyo en ese caso) lectores que agotados tras El Cielo de Lima, creen que van a encontrarse con algo parecido: nada de eso. Kanada fluye en un diálogo, desde la primera página y hasta la última sin que necesariamente en su trama (por decirlo de alguna forma) se correspondan éstas con la del comienzo y la del final, respectivamente.

El autor, con un espíritu que recuerda mucho muchísimo al que llegaba a las pantallas hace cosa de un año, bajo el título de El hijo de Saul, se pronuncia sobre el Holocausto y ni lo nombra.

Así que, desinformada yo, leo y entro en ese bucle de comienzos y finales a través de la experiencia de un superviviente, un muerto en vida y un vivo que persigue su propia muerte bajo la condena de seguir viviendo: alimentarse, poner orden, regresar. Que se debate entre salir a la calle y vivir en las circunstancias que tocan o recluirse en su espacio privado, su “no-hogar” en donde está solo e incomunicado.

Al tomar esta decisión, el protagonista, entra por la puerta de mi casa y me dice “sí, María. Estoy confinado en el espacio y es voluntario. Revoloteo como un mosquito y te recuerdo a tu tesis, a ese fantasma de trabajo de investigación sobre ciertos asuntos de Polanski y Freud que aún no has olvidado”.

No me juzguen: necesito contármelo de vez en cuando y a veces un libro ayuda a verlo claro. Es la narración de la vida, tan necesaria. Soportar el peso del eterno retorno de lo mismo. La Historia, siempre.

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