Instrumental

Instrumental. Memorias de música, medicina y locura. James Rhodes. Trad. Ismael Attrache. Barcelona, Blackie Books, 2015

Tenemos que hablar de James

Dos cosas: Hay que hablar más de los abusos sexuales dentro y fuera de la familia de un niño. Hay que hacerlo porque es un problema que se carga la infancia y lastra la vida adulta de demasiadas personas. No se está haciendo y si no se hace, no va a cambiar nada.

Señores, esto pasa mucho y muy cerca de donde ni nos imaginamos que sucede.

Por otra parte: la música “clásica” debería escucharse más y juzgarse menos. Es música que “mola” y cuando uno se aficiona a ella, da buen rollo de por vida.

Como recomendación personal para una lectura alternativa de Instrumental, les propongo en plan Rayuela que comiencen por su apéndice, por los tres artículos escritos por James Rhodes para The Daily Telegraph y The Guardian. Son lo mejor y más claro que expresa en todo el libro, junto con otro que va inserto en mitad del texto y que, por tanto, me abstengo de animar a que destripen. Son artículos sobre estos dos temas y él, como implicado directo en ambas cuestiones, se explica de maravilla.

Mi segunda recomendación: Lean con el ordenador encendido y busquen cada una de las piezas musicales que introduce, comenta y explica. Merece la pena y aunque creo que es evidente, no podía dejar de señalarlo.

Mientras leía Instrumental, se me iban pasando muchas, demasiadas cosas por la cabeza. La primera: que este tío es un borde. James Rhodes odia a demasiadas personas que habitan en su mismo puto planeta, y perdona sólo a su hijo, su actual esposa y a unas pocas a las cuales también se la pone dura la Chacona de Bach. No hay dos paginas seguidas en su libro que no destilen resentimiento profundo e incurable hacia algo o alguien. Es comprensible y está justificado.

Con un lenguaje desbordado de insultos, que escupe más que expresa la rabia que lleva dentro, Rhodes arrastra a su lector por la película de su vida. El entusiasmo por los efectos terapéuticos que la música (“clásica”) ha tenido para él se contagia y se comprende perfectamente. Decir que es un “pirado” el que narra es quedarse corto. Es un narrador que aprovecha su sensibilidad emocional extrema para expresarse y lo hace muy bien.

Lo difícil es acertar a distinguir la línea divisoria que separa la estrategia comercial de la iniciativa personal que transmite Instrumental. Pasar por el aro, siento decirlo así pero “jode mucho”.Como tantos otros (estoy segura) lo he leído después de ver su entrevista con Jordi Évole para el programa “Salvados”, emitido en plena campaña navideña, porque soy así de previsible y porque a veces, soy también un poco borrega.

Ya saben lo que le pasó a James Rhodes, no voy a repetirlo.

Puesto que lo saben y se han dejado impresionar por el programa de Évole, les animo que aprovechen ese tirón indignado que contagia habitualmente el periodista en su programa, para hacer el esfuerzo de pensar más en estas cosas y no salir corriendo de una conversación en cuanto se toca el tema, porque es incómodo y terrible.

Dicho lo cual, además de hacernos con un ejemplar del libro, comprar entradas para los conciertos de Rhodes o buscar su marca personal de zapatos en internet, estaría bien que normalizásemos la cuestión de interesarnos más por la cantidad de pedófilos que hay sueltos por el mundo. Nuestro mundo.

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