Amarga luz

Amarga luz. Marga Clark. Madrid: Funambulista, 2011

Retrato de la artista adolescente

“… la verdad y la realidad son dos cosas distintas que raramente coinciden. Pero no me hagas caso, yo ya soy un viejo cada día más alejado de la vida, ya tendrás tiempo de verlo tú solita”

Ya lo dije una vez, con la excusa de Camille Claudel y me repetiré: que las biografías son a veces recreaciones ficticias de lo que pudo haber sido la vida de alguien, sin embargo, real. Con tener claro eso, se puede leer casi cualquier cosa que vaya precedida de una descripción que la considere “biográfica” sin sorprenderse. Se puede: sí que se puede escribir así.

En el caso de Amarga luz de Marga Clark, la excusa es el vínculo familiar, porque la autora es sobrina de la biografiada. Digo así, porque no considero que la pintora, escultora y poeta Margarita Gil Roësset que se suicidó con veinticuatro años y creó con virtuoso talento y precocidad (desde antes de los quince)sea la protagonista de esta historia.

Adquiero el libro movida por el impulso. La veo a ella en la cubierta y recuerdo el documental y el libro en donde me la mencionaron por primera vez. Me atrae su historia, su triste final y hasta su fecha de nacimiento (el mismo día que yo, setenta y cuatro años antes) así que me la llevo a casa y la leo.

Sin embargo, no encuentro lo que busco. Me sirve para mis asuntos, el estilo narrativo que usa para abordar la misteriosa vida de alguien, por ejemplo, pero no me convence. En el libro hay mucho, demasiado de Marga Clark y poco, menos de lo esperado de su tía Marga Gil Roësset.

Amarga luz pone el foco en una atormentada artista, pero lo comparte con otra, una que es fotógrafa y escritora y cuyas experiencias tal vez no sean tan interesantes, ni causen al lector un impacto emocional siquiera comparable.

Para saber más y de otra manera, sugiero que se visite la web que le dedica Ana Serrano, comisaria de la exposición que sobre ella tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes en el año 2000.

Aunque conclusiones, cada uno saca las suyas y yo prefiero ver a esta muchacha como un ser sensible y genial que se autodestruyó de pura frustración: por saberse incapaz de alcanzar la genialidad que ella admiraba en su maestro, su ídolo, su pasión.

Entender a Marga Gil Roësset sólo como una “loca enamorada” de Juan Ramón Jiménez puede que sea un error. Esa información se la legó a él por escrito, en un diario que se ha publicado recientemente(quizás también “indecentemente”, no lo sé) bajo el título Marga. Edición de Juan Ramón Jiménez. (Fundación José Manuel Lara, 2015).

Al resto nos queda ser espectadores de su impresionante conducta: acabó a martillazos con sus propias esculturas, todas las que pudo; se despidió de sus seres queridos y se pegó un tiro.

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