Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos.

Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos. Ana Llurba. Girona: Wunderkammer, 2021

¿A qué huelen los cuentos que no huelen?

Tomen papel y lápiz, lo van a necesitar. Desde el comienzo se da una cuenta de que este ensayo, pese a su aparente pequeñez, es mucho más que un pequeño conjunto de artículos, citas, menciones especiales y alabanzas a los textos de otras.

Un comienzo: la menstruación.

La regla roja y onmipresente en la vida de la mujer se eleva como tema, inspiración, elemento unificador de los cuentos infantiles del siglo XVII en adelante; cuentos para niñas y niños, con advertencias atemorizantes para ellas y mensajes de valiente inspiración para ellos. Siglos y siglos igual hasta que Angela Carter abre la boca:

“…deseo validar mi reivindicación de poseer una parte equitativa del futuro y expreso para ellos la exigencia de que me concedan la parte del pasado que me corresponde”.

Angela Carter. Cuentos de hadas de Angela Carter. Madrid: Impedimenta, 2017. Trad. Consuelo Rubio Alcover

He leído este Érase otra vez… como poseída por un deseo frenético de terminarlo y, al mismo tiempo, prolongar su lectura hasta el infinito, hasta el punto en que una ya sepa y haya aprendido todo lo que en él se contiene, que es lo más parecido a un pozo profundo llenito de historias y curiosidades, del que no se atisba el fondo aunque una sepa que lo tiene.

Un conflicto: la violencia sexual.

La agresión (incestuosa o no) ejercida sobre niñas es tema habitual en los cuentos de todos los tiempos, tanto si lo vemos como si no lo queremos ver, es así. Las niñas se esconden porque temen a quienes las desean por ser tiernas y jugosas y entonces huyen y se lanzan a la aventura en donde nuevos peligros acechan a la vuelta de la esquina o en lo profundo del más profundo bosque. Las palabras de Kelly Lynk a la sazón no tienen desperdicio: ella subraya las dificultades que advierte toda mujer que se atreva a viajar en soledad, tales como terribles dolores y mutilaciones si hacemos caso a los cuentos infantiles, los que escriben los hombres y se han narrado por mujeres por los siglos de los siglos (“anonymous was a woman” que decía Virginia y puede que estuviera en lo cierto).

Un final: el advenimiento de las brujas.

Las sirenas y los lobos dejan su poso particular en las páginas de este ensayo en tanto que ejemplos de metamorfosis aceptadas en el folclore para validar la tentación del protagonista masculino y femenino, respectivamente; ellas y ellos son quienes entretienen, enredan y engañan para atraer al héroe o heroína hacia sus fauces y desviarlo de su recto cometido… en el caso de la sirenas, además, cuando les toca ser protagonistas se tornan en víctimas y sufren desdichas por desear ser algo más de lo que su condición de bicho mitológico les tiene permitido (un marido y un par de piernas a cambio de la pérdida de voz y un dolor crónico y terrible de por vida al caminar: ellas eligen).

Y luego intervienen las brujas: mujeres que actúan en grupo o de forma individual, estigmatizadas por la sociedad y malvadas, siempre; brujas que irrumpen en el mes de mayo, el consagrado a los antepasados o maiores en la Antigua Roma [pp. 109]. Contadas por Shirley Jackson o Cristina Fernández Cubas, las brujas saltan de la fábula de Europa del Este (Baba Yagá) hasta el cine norteamericano (Robert Eggers).

Me ha encantado.

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