Ave del paraíso

Ave del paraíso. Joyce Carol Oates, trad. JOsé Luis López Muñoz. Barcelona, Penguin Random House, 2015

Dulce pájaro

Puede que uno de los “so called” traumas de mi adolescencia se deba a la interrupción abrupta de la serie protagonizada por Claire Danes y Jared Leto traducida en España por Es mi vida y, en el original, titulada My So Called Life. Convencida estaba yo de que Ángela finalmente había superado de verdad de la buena su obsesión con el ceporro buenorro de Jordan Catalano pero, de pronto, se terminó. Una lástima. Un dolor. Ninguna temporada nueva.

Ave del paraíso me ha parecido un thriller muy similar a las tribulaciones de aquella protagonista televisiva en el fondo, aunque harto distinto en la forma. La parte que corresponde a la narración de uno de sus personajes principales, la primero niña, luego adolescente y finalmente mujer madura Krista, recuerda mucho a las tonterías de aquella otra, Ángela, a quien Claire Danes encarnaba con cabello rojo remolacha. La historia parte de un intríngulis familiar de infidelidades y sospechas; luego viaja a los entrepaños de un asesinato brutal y enlaza con la vida de una de esas mujeres que brillan por su aura de misterio: atractiva camarera-barra-cantante que en ocasiones se prostituye y que, peleada con el mostrenco de su esposo, cría malamente a un hijo y ¡qué hijo! Me van a permitir que lo condecore y clasifique como el mejor personaje de toda la novela: Aaron.

Aaron Kruller es a Ave del paraíso lo que Jude a Tan poca vida o Gaspar a Nuestra parte de noche, ese tipo de víctima masculina fascinante que atrae tanto por su violencia y su naturaleza casi salvaje como por las desgracias que lo persiguen a cada paso que da. Krista lo ama, lo desea y se obsesiona con él mucho antes de que el resto de su persona crezca  lo suficiente como para dirigir con propiedad y medir el peso de sus sentimientos.

Mientras tanto, sigue ese asesinato suspendido en cada capítulo, sobrevolando las otras subtramas. Tarda en resolverse pero aun se demora más esa tensión sexual entre Aaron y Krista, el muchacho medio indio y la dulce niña rubia falta de veranos.

A ratos más bien largos el ritmo de Ave del paraíso me ha resultado insufrible, pasajes interminables de descripciones de recuerdos, de apreciaciones personales difuminadas por la experiencia que, más adelante, cambian de narrador y parecen otras. Lo son, en realidad.

La juventud, que se describa como se describa jamás nos dejará contentos y satisfechos, imagino.

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