A contraluz

A contraluz. Rachel Cusk. Trad. Marta Alcaraz. Barcelona: Libros del Asteroide, 2016

El relato parcial

“…no es cierto que la vida no tenga relato, que la propia existencia no tenga una forma definida con un principio y, un día, también un final, con sus propios temas y sus acontecimientos y también su reparto”

¿En cuántas ocasiones nos hemos visto atrapados por el desconocimiento de lo que los demás dejan de contarnos?. Parece un mal generalizado aquel que consiste en sufrir por no saberlo todo, en especial, si ese “todo” afecta a las vidas de los otros, las cuales, tantas veces recomponen el puzzle de la nuestra.

Cuando nos dicen que no, nos obsesionamos: sin más argumentación que la propia negativa, nos obcecamos por convertirla en afirmación hasta desesperarnos. Un “no” es un rechazo; “no” es el acantilado por el cual llevamos un rato caminando hasta que nos asomamos a él. A partir de él, la nada.

Podría decirse que a la protagonista / narradora de A contraluz no le afecta ese vacío argumental, muy al contrario, ella presta atención desmesurada a todos y cada uno de los testimonios de quienes coinciden con ella en su viaje a Atenas. Más bien soy yo, lectora, la que quisiera saber más de aquella que escucha y transcribe las historias de los otros.

Yo quiero conocer su relato y no, no lo hay porque hay muchos y pertenecen a los demás.

A contraluz me devuelve las ganas de escuchar más y hablar menos, de mirarme menos el ombligo (una parte de mi cuerpo que, por cierto, soy incapaz de palpar sin sentir una dentera horrible) de entender mejor los motivos de las personas, que por algo los tienen y por algo niegan tanto.

Estructurada en una suerte de divagaciones encadenadas que tienen como único hilo conductor la llegada de la protagonista a Grecia para dar unas clases de escritura, A contraluz planta a diferentes interlocutores (o monologuistas, yo diría) cada uno con su peripecia y todos relacionados con ella, la que ha ido a dar las clases, la que se los encuentra por el camino.

Pero vaya: es que es “su” camino y de ése me quedo sin saber demasiadas cosas, aunque la verdad es que ya debería estar acostumbrada. Es la vida. Son los otros.

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