Ocho noches blancas

Ocho noches blancas. André Aciman. Trad. Bettina Blanch Tyroller. Barcelona: Lumen, 2010

Intimidad

Existen palabras cuya fuerza expresiva trasciende el significado objetivo que la lengua ha querido darle, palabras que traducidas a otros idiomas no pesan tanto o no arrastran tanto. Intimidad me parece una de ellas.

Ocho noches blancas es una novela impregnada de intimidad entre dos personajes y narrada por uno de ellos. El lector vive la experiencia del enamoramiento, la obsesión y el anhelo, el deseo por el otro con una claridad inesperada en un texto, porque no es frecuente a una inmersión tan profunda en el pensamiento cotidiano (recuerdo ciertos ejemplos guiados por las frases de Javier Marías, escasos y muy suyos).

El Upper West Side de Nueva York durante las ocho noches que separan Nochebuena de Fin de Año es el espacio temporal que abarca esta historia sin historia. Él se enamora de ella y podría deducirse que ella también de él, pero la obsesión invade sus pensamientos y lo ataca con conjeturas e idealizaciones que lo llevan a conclusiones absurdas, desmesuradas, como desproporcionada e imprevisible es siempre la reacción a la pasión amorosa que no se espera.

Ella también.

¿Ella también?

Ocho noches blancas nos hace partícipes únicamente del punto de vista de él y eso complica las cosas si lo que se pretende es dar cohesión al argumento, sin embargo ¿no es esta una dilatación de la reflexión casi ilimitada? Lo que sucede en esta novela se extiende más durante el tiempo que tardamos en leerla que lo que duraría si eso que estamos leyendo sucediese en tiempo real. Las descripciones se enredan en posibilidades infinitas y vamos a la deriva con ellas hasta un desenlace tal vez decepcionante, ambiguo, tal vez realista, quizás certero.

No comencé esta lectura con ganas, porque no me topé con la historia que buscaba, pero a medida que avanzaba en el pensamiento del protagonista y compartía su lógica, la comparaba con la mía, con la de cualquiera que haya podido atravesar una situación semejante o haya deseado imaginarla me fui empapando de esa obsesión y percibí la intimidad que mencionaba al comienzo de este post. Una lectura diferente y un fenómeno, sin duda, nuevo para mí, que si hubiera sabido de antemano lo que iba a leer lo hubiera descartado de inmediato (bastantes obsesiones tiene una ya en su vida como para dejarse contagiar por las de un personaje de ficción).

Una novela que trasciende, gracias a su fuerza expresiva, cualquier significado que podamos darle al tratar de hablar sobre ella, pero que bien merece el intento.

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