Hamnet

Hamnet. Chloé Zhao, 2025

Recuerda

Cuando en el otoño del año 2011 leí Atonement de Ian McEwan, tras haber visto y disfrutado su adaptación al cine con el entusiasmo de una jovenzuela, creo que imaginé por primera vez lo maravilloso que debía de ser escribir y sorprender al lector con un desenlace como el de aquel libro: el poder redentor de la literatura o cómo, con una ficción al antojo del autor, puede cambiarse el curso de los acontecimientos más trágicos y con ello, las emociones de quienes los han sufrido.

En el verano de 2021 había dejado mi puesto de encargada en una librería para comenzar a trabajar a media jornada en otra y allí leí Hamnet. Para mí fue el primer encuentro con Maggie O’Farrell pero muchos ya estaban familiarizados con ella y la admiraban desde hacía tiempo. En tres años allí no me cansé de recomendarla cuando me preguntaban, cobré decenas de ejemplares y algunos clientes hasta regresaron para darme las gracias y comentar sus lecturas conmigo. Por mi parte, me dediqué a leer todas las novelas de la autora y a guardar en un cajón las emociones causadas por aquella que fue para mí la primera.

Hasta hoy que me he atrevido a ver la película (con miedo, no voy a mentir) no había vuelto a abrirlo.

Salgo del cine convencida de dos cosas: que nunca hay que fiarse de un trailer, porque los carga el diablo y que si una novela la has disfrutado mucho no busques la repetición del viaje en una película. Nunca es lo mismo.

Va a recibir muchos premios, estoy segura: sus actores principales son magníficos y la intensidad de aquello que interpretan está a la altura de las expectativas. Paul Mesacal es mucho mejor Shakespeare de lo que jamás hubiera imaginado (aunque creo que él puede ser cualquier persona y me parecerá bien) y Jesse Buckley regala todas sus expresiones, respiraciones y movimientos a la cámara para dar vida a Agnes, la verdadera protagonista y sí, también podría ser ella, también lo es ¡qué demonios!.

Sin embargo Hamnet, como buena película hecha para triunfar en Hollywood, mastica todo el contenido y lo sirve al espectador para que éste solo tenga que tragar, sin esfuerzo, sin reflexión. No hay sutilezas, ninguna, cuando parte de la magia de esta historia está, precisamente, en encontrarse cargada de ellas.

Quizás la experiencia a la inversa hubiera sido diferente y mejor, no lo sé: con Atonement fue así, primero la película y después el libro y aunque diferentes, causando ambos el mismo efecto en el espectador/lector y la referencia a esa redención del arte, al poder de la literatura para expiar, purgar y curar.

Hamnet película convierte en epílogo didáctico un desenlace que se vuelve postizo, un final que Hamnet novela siquiera apunta y a mí me sobra. Una palabra que lo cambia todo en el lector y que en la película se repite machaconamente desde el comienzo, para que nadie se despiste, para que todos vayamos por el mismo camino y entremos al redil.

Pero es mi opinión, sólo eso: Recordad.

2 comentarios sobre “Hamnet

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