Las cosas que perdimos en el fuego

Las cosas que perdimos en el fuego. Mariana Enriquez. Barcelona: Anagrama, 2016

Maldita

La primera vez me senté sin saber que iba a ser la primera, que después vendrían más: agarré la pluma, una pluma de plástico con cartucho recargable, sin émbolo, sin engranaje sofisticado y me dispuse a escribir sobre ella. Lo hice bajo la influencia: Estábamos confinados, atrapados en nuestros apartamentos, departamentos, piezas, casas, pisos… da igual el idioma, le tocó a todo el planeta. No podíamos salir y algunos leíamos, yo una de ellos.

Luego me di cuenta de que era incapaz de articular palabra escrita sobre lo que había terminado de leer hacía unos minutos y regresé al libro, repasé los primeros capítulos, los últimos, los del medio. Nada, ni una frase. Imposible.

Mariana Enriquez es imbatible y escribir sobre lo que escribe Mariana Enriquez, probablemente una boludez, que dirían sus paisanos.

A mí una energía envidiosa me recorre la espina dorsal cuando la leo y para cuando puedo deslizar la bolita de iridio sobre el cuadernito encima de mi mesa y poner por escrito dos pensamientos, dos ridículas reflexiones sobre esa novela maldita que me ha volado la cabeza y la forma de entender lo que los términos «inquietante», «terrorífico», «sobrenatural» y «cotidiano» significan, que le ha dado una nueva dimensión a lo que yo entendía por literatura, entonces ya pasó.

Escribo una entrada en este blog y me olvido.

Hasta que pasan dos años.

Vuelvo a ella. Leo por segunda vez a Mariana y en esta ocasión leo cuentos. Qué difíciles los cuentos. Re complicado escribir cuentos y hacerlo como ella casi una ilusión. Las cosas que perdimos en el fuego reúne varios de los «niños terribles» de Mariana Enriquez (así los llama ella y así también los quiero llamar yo). Traen al presente del lector los mundos de pesadilla que fascinan a la autora, la misma que plantea en sus discursos de entrevista la analogía entre Alan Moore y Neil Gaiman como Borges y Cortázar, la misma. Terrores de violencia machista, de abuso infantil, de crímenes ecológicos y maltarto animal, miedos de bulling en la escuela y de leyendas urbanas adolescentes. La incertidumbre. El terror. El horror.

Qué absurdo es intentar explicarlo. Mejor ni sigo. Mejor leerla.

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