The Colour of Milk

The Colour of Milk. Nell Leyshon; London: Penguin, 2013

Silenciada

Son tiempos para usar esta expresión: silenciamiento; el acto de hacer callar de manera forzada, de obligar a permanecer en silencio, también omitir algo sobre alguien, no contar, no decir. Toca emplear el verbo “silenciar” porque es el año 2018 y estamos cabreadas, ahora lo estamos muchas más de las que lo estábamos antes o tal vez no, pero ahora se nos escucha (más).

Hay motivos. Son los mismos, también son otros nuevos y ahora que estamos enfadadas y hermanadas, que nos hemos convertido en una especie de piña conectada por hilos virtuales socialmente enmarañados en redes, ahora, digo, queremos dar voz.

Esto está pasando y es muy estimulante.

The Colour of Milk se publicó hace cinco años. A España llegó traducida por Mariano Peyrou en Sexto Piso y hoy, después de ésta otra que inevitablemente me la recuerda, quizás tarde, la leo yo.

El año 2013 a mí me pilló viviendo rodeada de granjas, en la Suiza rural del medio del Oberland bernés. La leche era deliciosa y la gente ganaba mucho dinero. No conocí esta novela hasta que regresé a España casi dos años después y empecé a verla en todas partes. Pasó ante mí rodeada de un séquito de alabanzas y críticas favorables, desde la cima del podio de los libros más vendidos y demás zarandajas que no deberían influir a la hora de decidir si una se lee un libro o no y sin embargo aquí estoy, con ella recién terminada.

La humilde voz sin letras mayúsculas de Mary me ha tocado donde debía hacerlo. Su relato de los hechos veraces tal cual le sucedieron a ella son de una ternura que pocos textos alcanzan. Mary se defiende sin atisbos de redención, con las herramientas que ha aprendido con dolor y sufrimiento: el círculo vicioso de desesperanzas se inicia y se cierra con su narración y duele escuchar esa voz que deja de estar silenciada.

El próximo 27 de mayo a las 17:00 en la caseta 189 de la Feria del Libro de Madrid (#FLM18) iba a estar dispuesta a firmar ejemplares de mi novela junto a Nell Leyshon, que haría lo propio con las suyas, pero ya no, ha habido cambios, qué le vamos a hacer. Si hay que hablar, se habla.

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