EDEN

EDEN. Mia Hansen-Løve. 2014

Una cuestión de prioridades

En algún sitio he leído que esta película va más del bajón que provoca después de haberla visto, que de la historia que cuenta mientras se cuenta. No recuerdo la fuente, pero imagino que quien suscribe la cita tiene más con lo que identificarse en este argumento que yo. No obstante: estoy conmovida.

Como asegura el protagonista de este relato “after party” (así lo define su directora) todo se resume en una mera cuestión de prioridades electivas, en aquello a lo que renunciamos y aquello por lo cual nos inclinamos para construir el día a día ¿Acaso es más importante poder ducharse en agua caliente que comprarse camisetas de Paul Smith? Pues eso, de eso va.

EDEN, establece un corte hacia algo más de la mitad de su metraje que la divide en dos películas, sin tener en cuenta la paciencia del espectador que puede que llegado a ese punto esté considerando salirse de la sala o echar una cabezadita, dependiendo de la hora.

Su propósito es bueno: la exaltación de la amistad en grupo en la primera parte y la consecuente caída en el abismo por vivir sin freno, en la segunda. Se hace larga, y es una pena que siendo un retrato de personas que hicieron tanto por llevar el ritmo a las parties de todo el mundo, no sea capaz de mantener el suyo propio como película.

Y a mí me ha removido el corazoncito, qué puedo decir. Me he dejado ilustrar sobre el “French-touch” y sobre los orígenes del “garage”, sobre esas mezclas que fueron tan novedosas y adictivas, esas músicas que llenaban pabellones que no tenían techo y hacían sudar a miles de jóvenes drogados hasta las cejas. El “espíritu robótico del House con la voz suave del Soul”, que dicen en otro momento de la historia. Esa acumulación indiscriminada de fiestones y resacas, sin solución de continuidad, sin descanso, consumiendo la vida y la juventud toda, que también se acaba y suele pillarlo a uno de sorpresa.

Y escuchando EDEN, les he puesto cara a Guy-Manuel y Thomas, dos señores con buen gusto a la hora de encargar sus videoclips y que siempre se tapan con cascos de motero galáctico para intervenir como “Daft Punk” donde sea. He visto a Greta Gerwig haciendo sus payasadas en un papel que es poco cómico y más tierno de lo habitual; he seguido la juventud de un personaje masculino al hilo de sus relaciones con réplicas femeninas de las cuales me han contado más bien poco. Repasando con otros ojos una época que sin embargo, es también la mía, he visto unas luces y unas oscuridades muy bien encajadas con los ánimos de los personajes que suben y bajan, entran y salen, viven y mueren constantemente.

Triste, aunque no sean mis prioridades.

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