Carnage (Un dios salvaje)

Carnage (Un dios salvaje); Roman Polanski; 2011

Si acaso existe un dios

El que se eleva sobre todos nosotros, los mortales, criaturas perdidas que creemos ser libres y respondemos sin embargo a un albedrío falso y truncado, trucado por la varita no tan mágica de un sádico caprichoso, un dios aburrido y salvaje.

Resulta que Carnage se ha convertido en tragedia cuando nació como comedia. La cítrica pieza teatral de Yasmina Reza ahora es un espejo de aumento que permanece colgado ante el espectador y que le devuelve de sopetón sus peores perfiles, sus aristas y sus ángulos muertos, su lado oscuro y sus lagunas de lucidez mental ocasional, que también las tiene.

Ese espejo se encuentra en casa de los progresistas Longstreet (conjuntados de rojo, vaya) cuando reciben a los conservadores Cowan (combinando complementos de tonos azules, desde luego) en la pared que queda a la derecha de la puerta de entrada de su apartamento de Brooklyn, en Nueva York y refleja, sin vergüenzas ni reparos, el festival que los dos matrimonios protagonistas se marcan durante el tiempo que dura la proyección. Merece la pena mirarse en él. Los que nos interpretan son cuatro de los grandes: Jodie Foster y su cuello a punto de reventar, John C. Reilly con pachorra y sin ella, Kate Winslet mal digerida y Christoph Waltz adosado a una blackberry . Un lujazo.

La pérdida de papeles es absoluta; de una situación cordial y diplomática se pasa al caos más lamentable y no sabemos cómo hemos llegado hasta aquí, pero aquí terminamos. Patéticos y degradados.

Como siempre, Roman Polanski da con la melodía sin necesidad de acudir a las notas habituales, él toca otras teclas. Es un maestro salvaje. En la obra de teatro no se sale al descansillo del edificio en donde se desarrolla la acción de la historia pero aquí ese rellano (tan reconocible para todos los que seguimos su cine) se rodea de puertas y ascensores, con ladridos de perros a lo lejos y rendijas de vecinos que cotillean desde cerca. También se roban planos del parque, de la pelea de los chavales y alguna cosilla más. Son miradas de reojo, pero forman parte del circo que es la vida.

Roman Polanski estrena película: vayan a verla, no me fastidien.

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