El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. TatianaȚîbuleac. Trad. Marian Ochoa de Eribe. Madrid: Impedimenta, 2019.

Primera persona

Narraciones que atraviesen la enfermedad mental con la palabra del enfermo expresándose por sí mismo, imagino, hay muchas. A veces la enfermedad la vive quien escribe y esa voz narrativa no es otra cosa que la manifestación compleja, directa y desesperada de quien sufre con mayor o menor disimulo encarnado en un personaje.

Otras veces, figurada por completo, el autor compone a un personaje atormentado y pone esa voz de loco a un personaje imaginado que habla, sin embargo, en primera persona.

La primera persona de esta novela busca a alguien a quien tiene delante y se empeña en odiar, hasta que encuentra a esa persona y aprende a quererla.

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes sorprendió hace diez años, cuando se publicó por primera vez en su lengua original, porque no se espera, ni se imagina ni se prevé por el lector. Con una fuerza que recuerda a la carne cruda masticada en las páginas de Claus y Lucas (Agota Kristof, 1986) el protagonista y narrador de esta historia pone al lector ante la difícil situación de entenderlo, cuando lo que hace desde la primera frase es destilar odio, nos parece, gratuito e injustificado.

Pero como lectores, sin embargo, vamos a entenderlo y a llegar con él hasta el final de su recorrido.

Rabia y rencor se dan la mano en esta novela que habla de automutilaciones y de pérdida, simbólicas o reales, crudas como la carne que se desgarra párrafo a párrafo.

La violencia de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes no se anticipa: llega directa con la lectura porque sale (o así al menos se pretende) directa desde la mente de un enfermo que además está muy herido, alguien que usando esa primera persona busca a otra.

Llego tarde a ella, a los elogios y las recomendaciones que la envuelven como en papel de regalo desde que llegó a la librerías españolas en 2019, cuando yo era encargada de librería y me preocupaban más los albaranes y los descuadres que descubrir quien era TatianaȚîbuleac. He sabido que el pasado lunes dio una charla en A Coruña, invitada para las MOP Talks y la casualidad me reconforta, porque con esta lectura, ágil pero incómoda, a mí también me parece haber encontrado algo, aunque no lo buscase.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑