Mantícora

Mantícora. Carlos Vermut, 2022.

Veneno para hacer monstruos

Todavía tocada por el espeluznante realismo de la última película del director Carlos Vermut, me tomo la libertad de dedicarle aquí una entrada sin hablar de ella, porque considero que no se debe si quien va a leerme no la ha visto todavía.

Que sois dos, ya lo sé, pero a lo mejor queréis ir a verla y os la fastidio con el análisis.

Mejor cuento un cuento, que creo que se me da mejor.

En la primavera de 2006 Madrid se dejaba acariciar por una sobrecarga de polen que nos tenía a los alérgicos encerrados en casa, asustados por las inesperadas reacciones de nuestro organismo a los agentes externos en suspensión. Allí, en mi habitación de piso compartido con cuatro personas más, en la cuarta planta de una una finca de la Plaza del Cascorro me encontraba yo, trabajando en el segundo informe de lectura para la editorial que contrataba mis servicios tres veces al año y me explotaba como lectora de manuscritos.

Allí escuché una melodía al piano.

Reconocí al instante la inconfundible música que tantas veces había ensayado, Les Sylphides, un ballet sin argumento creado a partir de varias composiciones de Chopin y cuyo «preludio» era una de las variaciones clásicas para el examen de Grado.

Mi vecino escuchaba a Chopin y yo, intensa y sensible, me puse a llorar. Traté de concentrarme en lo que estaba escribiendo, me puse tapones en los oídos y leí tres veces el mismo párrafo pero me rendí, no podía continuar. Me detuve y salí al rellano para llamar al timbre.

Nuestros vecinos de enfrente (cuarto derecha) eran una familia compuesta por una pareja y una niña de unos tres años llamada Nora. Eran simpáticos y un poco hippies; debían de ser propietarios, por los comentarios de ella cuando veía a alguna de mis compañeras fumando en la escalera: «como se te caiga una colilla te arranco la cabeza» decía, medio en broma y medio en serio, que con aquella melena negra e indomable bien parecía capaz de entrar en cólera y hacer algo terrible si le quemábamos la barandilla de madera perfectamente barnizada con el dinero de la comunidad.

Tuve la corazonada de que quien escuchaba a Chopin aquella tarde no era ella sino él, que también tenía melena revuelta pero que no se enfadaba tanto ante los descuidos de los demás, así que llamé y esperé ante su puerta, sin tener muy claro lo que iba a decir en el caso de que me abrieran.

⏤Hola ¿te puedo ayudar?

Era él. Vestía con un pantalón de chándal y una camiseta rota, fumaba (porque dentro de su casa, por la visto, sí que cada uno podía hacer lo que le diera la gana) y me miraba expectante. Me conocía igual que yo a él pero apenas habíamos hablado a lo largo del año y pico que nosotras llevábamos viviendo allí y debió de sorprenderle mi presencia, sobre todo porque estaba llorando.

⏤Hola. Verás… es que estaba escuchando tu música y ¿podría ver el disco?

Me invitó a entrar y le dije que prefería quedarme fuera, que estaba trabajando y no podía entretenerme.

⏤Claro, claro ¿pero estás bien? Espera, ahora vuelvo.

Vi cómo se adentraba hacia el salón y apagaba el reproductor de CD. Desde la puerta le respondí que sí, que me había recordado algo pero que no quería preocuparlo, no era nada importante.

⏤Soy muy sensible, ya ves… Que me he acordado de cuando bailaba y eso, no es nada.

Me entregó el disco y me dijo que me lo podía quedar, yo me negué pero acepté un préstamo para copiarlo (algo que se hacía mucho en 2007) se lo devolvería en unos días.

Pasaron semanas. Yo copié el disco con la ayuda de un amigo que tenía el programa pirata adecuado para hacerlo, entregué mis informes a tiempo y no volví a acordarme del vecino, ni de las sílfides ni de la música romántica hasta que un día, después de comer, una de mis compañeras de piso cuya pareja acababa de salir al supermercado, comenzó a gritar porque no podía abrirle la puerta.

⏤Tia, se ha quedado atascada la llave y dice que no puede abrir ¿qué hacemos? ⏤Me miraba esperando una solución, algo inmediato que yo debía hacer antes de que ambas perdieran la paciencia y comenzaran a dar golpes a la puerta (de madera perfectamente barnizada)⏤ Que el pestillo tampoco se mueve… mira.

Me acerqué a la cerradura y, efectivamente, aquello no articulaba: nosotras estábamos bloqueadas dentro y su pareja se había quedado fuera con la llave incrustada en la cerradura.

⏤»Estupendo» ⏤dije⏤ ya estáis llamando a un cerrajero, pero prepárate que no son baratos.

Nadie llamó a un cerrajero, claro, pero el vecino de enfrente salió de casa en cuanto nos oyó discutir. Fue él quien nos ayudó: pasó de su casa a la nuestra apoyándose en las barandillas, como lo hubiera hecho un gato o una salamandra, con su metro ochenta de estatura, su pantalón de chándal y su camiseta rota: entró en mi habitación y comenzó a dar patadas a la puerta hasta que arrancó de cuajo la cerradura y ésta se pudo abrir.

Mi compañera de piso y su novia se abrazaron como si hubieran estado seis meses separadas la una de la otra, secuestradas en un sótano de la estepa rusa y yo le di las gracias al vecino por su proeza desproporcionada. Aproveché para devolverle su disco antes de que se marchara y nunca más volvimos a hablar.

El casero pagó la reparación de una puerta; llevaba años deteriorada por las capas de pintura y barniz y «había que cambiar tarde o temprano». Hoy, cada vez que paso por la Plaza del Cascorro y levanto la cabeza, todavía recuerdo la silueta de un hombre a punto de precipitarse al vacío por el balcón contiguo al de mi habitación, por salvar su disco de Chopin, sin duda.

El preludio suena en la película de Carlos Vermut, también se escucha desde la casa del vecino del protagonista.

2 comentarios sobre “Mantícora

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  1. Se agradece que no destripes el argumento de la película, aunque si tuviera un mínimo de decencia dejaría mis asuntos por un instante y me acercaría al cine a verla; espero poner remedio a eso, tengo unas cuantas en la lista y eso me atormenta.
    He leído críticas y varias de ellas coinciden en calificarla como «perturbadora», lo cual me resulta fascinante.
    Y se agradece también que compartas estas maravillosas historias, sobre todo por la forma de transmitirlas.
    Un saludo.

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    1. Sí, es que destripar el argumento de esta película me parece criminal, de hecho, su trailer es estupendo: consigue que no entiendas absolutamente nada a la vez que despierta tu interés. Deberían ser todos así.
      De nuevo: gracias por el comentario, es un gusto que guste algo de lo que escribo.
      Saludos.

      Me gusta

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