Los cazadores

Los cazadores. James Salter, trad. Eugenia Vázquez Nacarino. Barcelona: Siruela, 2020

Guerra de formación

Las historias con clima bélico, los campos de batalla que se imaginan en todos grises y verdosos, con hollín, barro, humareda, hostilidad y violencia en general me aburren. No suelo escoger lecturas sobre soldados o contadas por soldados en pleno campo de batalla aunque sí me llaman la atención sus regresos. La figura del retornado de una guerra siempre es interesante porque, imagino, la experiencia debe de ser como volver no ya de otra vida si no, sobre todo, a una vida que es otra.

Los cazadores es la primera novela que escribió James Salter (Nueva York, 1925 – Sag Harbor, 2015) y la escribió basándose en sus propias vivencias al frente de un escuadrón de combate durante la Guerra de Corea. Poco más de veinte páginas son necesarias para esclarecer el sentido general de su trama: es una lucha constante de su protagonista, capitán ambicioso del ejército del aire, por hacerse un nombre, por ser un hombre importante en esa guerra y derribar cuantos más aviones del enemigo, mejor.

El ansia de éxito se describe de manera explícita:

“Sucedía igual que con el dinero: daba lo mismo por qué medios se había adquirido, únicamente importaba tenerlo. Ése era el veredicto final. Todo se reducía a los MiG. Si los derribabas, te convertías en un modelo de excelencia. El mundo te sonreía. Los mecánicos de vuelo se alegraban de que pilotaras sus aparatos. Las actrices de gira querían conocerte. Eras el centro de todo: las alabanzas, el entusiasmo, las envidias”.

Y como sucede en las historias que recrean este tipo de ambientes, a veces, los personajes aprenden lecciones por choque consigo mismos: el entorno se limita a grupo de soldados, algunos amigos y otros casi enemigos que rivalizan por el poder y la gloria, la vida entonces a ellos se les reduce a eso y entonces alguien entre todos ellos ve con claridad, como si madurase, y entiende que la vida quizás sea otra cosa:

“Pertenecer a un escuadrón resumía las etapas de la vida de un hombre. Eras un niño cuando entrabas. Un sinfín de posibilidades se abrían ante ti, y todo era nuevo. Gradualmente, casi sin darte cuenta, los días del dolorosa aprendizaje y la alegría acababan; alcanzabas la madurez, y entonces de pronto eras viejo, y nuevos rostros, vínculos difíciles de reconocer, surgían a tu alrededor hasta que te sentías prácticamente un estorbo…”

Las novelas de formación describen las meteduras de pata y también los aciertos, el descubrimiento de las aptitudes de adolescentes que sueñan con comerse el mundo y acaban por encajar golpes y aceptar su respectivas personalidades. Los cazadores es algo parecido: unos vencidos y otros triunfantes, sus personajes surcan el cielo y abren fuego contra el enemigo pero además pasan por diferentes situaciones que ponen a prueba sus egos y envidias, momentos que tensan sus relaciones para terminar de romperlas o afianzarlas.

La guerra termina y la batalla permanece en el recuerdo para ser contada, escrita o leída.

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