La virgen de agosto

La virgen de agosto. Jonás Trueba, 2019

Ruega por nosotros (pecadores)

Relacionar las películas Jonás Trueba (Madrid, 1981) con una experiencia mística no debería ser algo que sorprendiera a nadie; en esta última campaña de promoción se dice que a Jonás le gusta comparar el cine con una cuestión de fe y que considera que la protagonista de La virgen de agosto vive un proceso similar al religioso cuando decide quedarse en Madrid en verano y replantearse su manera de “ser persona” (algo que también se explica, por cierto, en un párrafo-prólogo rotulado en la pantalla que se cierra con un modesto y majete “casi nada”).

La virgen de agosto, igual que Todas las canciones hablan de mí o La reconquista, a mí me relaja. Retratos que miman y flirtean con la ciudad de Madrid y con la juventud volátil pero eterna, ignorante pero sabia, bondadosa pero cruel.

Los personajes de La virgen de agosto, casi todos, hablan entre ellos por primera vez porque se acaban de conocer; se sirven de expresiones afectadas (“un poco como…”, “a esa idea me refiero…”, “entiendo lo que dices…”) como las que usamos todos a veces, sobre todo cuando no tenemos confianza con el otro o cuando en una época extraña, casi de novela de ciencia ficción, la capital se vacía pero a la vez se colapsa en sus fiestas patronales y entonces viene la verbena, la resaca, los baños en el río y el queso con fruta.

El personaje principal de La virgen de agosto abre mucho sus enormes ojos y parece que aprende a ser curiosa porque escucha a los demás, los observa, aprende de ellos y también les da lecciones; piensa mucho sobre sí misma mientras se deja llevar por el barrio y por lo que hacen los turistas; visita exposiciones y va a la primera sesión del cine del Círculo de Bellas Artes. Eva, esa mujer primigenia, escribe diarios y lee como si fuera la primera vez, como si no lo hubiera hecho antes.

Pero lo ha hecho muchas veces porque está a punto de cumplir 33 años, lo que pasa es que quiere cambiar.

La experiencia mística de ver La virgen de agosto puede que invite a mirarse el ombligo y pensar, leer más, ver más películas y tratarse un poco mejor en verano y el resto del año, tanto en Madrid como en cualquier otro sitio.

Con un guión redactado entre Jonás Trueba e Itsaso Arana, la historia de La virgen de agosto se carga de mensajes, de referencias, tiene una secuencia musical emocionante y en sus títulos finales, en un bonito gesto de humildad, reserva un hueco a nombrar los libros que sirvieron de inspiración para crearla.

Y yo relajadísima.

2 comentarios sobre “La virgen de agosto

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  1. Me ha parecido una peli preciosa. La he visto ya dos veces y necesitaría alguna vez más antes de ordenar las ideas. Por decir algo, y aunque suene simple, me han encantado los actores, la luz y toda la secuencia del río. Ah, y el momento del concierto. Todavíiia tengo tieeempo… 🙂

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