Relève

Relève. Thierry Demaizière y Alban Teurlay. 2015

…y besar el santo

No diré quién ni tampoco diré dónde pero una vez me pusieron al Ballet de la Ópera de París como ejemplo de compañía extremadamente arcaica y jerárquica en la cual cada bailarín debía escalar puestos a golpe de sudor, lágrimas y sangre para ir adquiriendo contratos en consonancia a su caché artístico; era alguien del gremio, alguien de la ─podemos considerarla así─ “competencia” y era, en cualquier caso, alguien que conocía perfectamente aquello de lo que me estaba hablando.

El Ballet de la Ópera de París es, efectivamente, una compañía con unos cuatrocientos años de historia que ha consolidado un estilo propio en donde el repertorio clásico brilla por su presencia. El ballet, lo más parecido a la rutina de jornadas de un ejército profesional, encaja en el perfil de lo que ha sido y será siempre esta compañía: trabajo extenuante, sacrificio, disciplina y que no todo el mundo vale: valen los de proporciones alargadas y esbeltas que trabajan de forma extenuante, se sacrifican y tienen disciplina.

Hace unos años el documental de Frederick Wiseman exploraba las maneras de Brigitte Lefèvre para sacar adelante las temporadas de la Compañía lidiando, sobre todo, con problemas administrativos y económicos. Quisieron que el guapo de Benjamin Millepied la relevara con su gracejo comercial, porque lo vieron bienintencionado con sus inquietudes renovadoras, su ambición por colaborar con artistas contemporáneos, su estética de muchacho rebelde que ha triunfado (aunque tampoco tanto) en los EEUU y les salió el tiro por la culata.

Es que es la Ópera de París, vamos a ver… es la Ó-P-E-R-A-D-E-P-A-R-Í-S.

Que en la primera secuencia de la película aparezca Natalie Portman puede resultar sospechoso pero es la idea, son esos los propósitos. La estética, cuqui. Los bailarines, los más guapos y mejor vestidos, peinados y maquillados ocupan cada plano y cada secuencia en precisos y poéticos slowmotions que podrían pertenecer más a un anuncio de perfume francés que aun documental sobre ballet, sobre el maldito Ballet de la Ópera de París y sobre la transición de una a otro director entre 2014 y 2015.

Benjamin duró un año al frente de la compañía. renunció por “motivos estrictamente personales” y la película lo notifica en un par de frases al final, sin abundar más, con elegancia francesa.

Benjamin dice, en un momento más bien poco afortunado de la película que quiero creer, no se quedó en la sala de montaje precisamente porque cuando se estrenó él ya no era su director, que son la mejor compañía de danza contemporánea del mundo y se queda tan ancho. Ole ahí, Ben: siglos de prestigio clásico por el retrete.

Porque no se puede llegar…

 

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