Swiss Watching. Inside the Land of Milk and Money

Conocerse por dentro

Los libros que se escriben después de los viajes: esos libros. Los textos que completan la experiencia del que se desplaza de su zona de confort durante unos días, semanas, meses… el que conoce otros lugares y culturas y con ello, se ve a sí mismo de otra forma.

Literatura de viajes: esa gran psicoanalista.

Que para saber cómo son los que te rodean no hay nada mejor que quedarse en casa y estar, simplemente; hacer lo de siempre en el contexto de todos los días; pero cuando uno quiere rebuscar en sus inconformismos y anhelos, en los que conoce y en los que se tiene escondidos a sí mismo, cuando quiere saber quién es entonces que viaje, que viaje mucho y si está con ganas, que también escriba.

Los libros de viajes han sido desde siempre una interesante manera de conocer cómo un autor concreto observa a los que no son de su mundo cotidiano. Tan importante es lo que ve como el modo en que tiene de verlo. El que lo lee, bien sea movido por el interés que le suscita el destino en cuestión, porque no lo conoce, bien sea por contrastar lo que ese escritor ha vivido, con sus experiencias propias en un lugar que ha visitado, también descubre cómo es él.

Literatura, vaya. Siempre pasa igual.

Diccon Bewes, un escritor inglés de las guías Lonely Planet, que trabajó como encargado de la cadena de librerías Stauffacher de Berna por unos cuantos años, conoce a los suizos. Los ha convivido, les ha vendido libros, ha viajado entre sus montañas y remado en sus lagos. Bewes ha escrito siete libros sobre ellos y su país y les digo, les garantizo que les ha calado.

Me reí mucho leyendo sus comentarios sobre la ordenada sociabilidad de la cultura suiza, porque yo también he convivido en la Confederación Helvética y nada encontré exagerado en las páginas de su Swiss Watching. Inside the Land of Milk and Money. Nada.
Bewes cita las contradicciones de un carácter que de tan armónico y perfecto, llega a resultar inquietante y hasta siniestro, hasta que uno destapa el velo de la publicidad permanente en que vive inmersa su sociedad (siempre hablan bien de sí mismos, incluso entre ellos mismos) y se da cuenta de que no era para tanto, porque son como todos los demás, aunque se vendan mucho mejor.

Así que si cada vez que me reencuentro con mi amiga Mariana, recordamos esa acertada descripción de un apéro suizo, es porque es muy cierta. Todo aquel que acuda a un piscolabis suizo, no debe extrañarse por lo diminuto de las raciones. Tener una mano libre para saludarse convenientemente es primordial: en una mano una copa y en la otra se pica de a poco, así siempre se puede estrechar la mano al que llega. De cualquier otro modo, en el supuesto caso de que un cóctel suizo ofrezca bocadillos que haya que agarrar con ambas manos, entonces los suizos invitados no podrían saludarse entre ellos y el país entraría en colapso.

Qué buenos ratos gracias a esta descripción. Magistral.

Así que yo me hice más amiga de mi amiga y llegué a conocer mejor a los que me acogían en sus tierras, gracias al texto de un inglés residente en Suiza. Me reconocí en la descripción de los otros y supe mejor quién era yo, al comprender lo que de los demás veía un tercero.

Parece complicado pero es sencillo. Es cuestión de leer y poco más.

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