Palta viajera

Palta viajera (Relato de mi experiencia con el cuadro “Palta-Tronic” de Rodrigo Tunica)

Palta viajera

Ahí lo tienen ¿lo ven bien? ¿Se han fijado en sus colores y en el contraste cósmico-conceptual que marcan sus líneas y perfiles? ¿Lo notan? ¿Se han parado a escuchar su sonido tropical-tecno-tribal? Pues hubo un tiempo en que este cuadro tuvo hasta una pieza musical asignada y subida a Stream Cloud, no miento. El caso es que ese track ya no existe (o yo al menos no soy capaz de dar con el enlace).

Sepan que este tablerillo de apenas 15×20 cm enmarcado en negro, vino en un buen día volando desde Argentina. Me propusieron cuidar de él por unos días, tantos como yo considerase y así lo hice. Lo mimé y lo guardé como si un huésped de lujo fuera y él a cambio, me sonrió desde el estante en donde esperaba a que me decidiera a llevarlo de viaje y entregárselo a un nuevo anfitrión. Tres años hace ya de esto y así lucía en el salón-comedor-cocina-taller de reparación de piezas de aeromodelismo en donde vivía yo por entonces, en Suiza:

Palta_Viajera_2

Sospechaba entonces que muy probablemente fuera a darme pena separarme de él, llegado el momento. Pese a que fueron pocos días los que compartimos, cabía esperar que algo especial brotase entre nosotros, como si el brillo de su cáscara y el perfecto troquelado de su silueta hubieran querido decirme algo. Sentí entonces que había nacido cierta luz entre este cuadrito y yo y no quise dejar que se apagase con la distancia y es que ambos, estamos dotados de una sensibilidad y energía que se palpa a las leguas, he de decir.

El pasado mes de febrero, viajé a Buenos Aires y a Uruguay, señores y sí: conocí a dos de las anfitrionas que hospedaron a la Palta Viajera en su casa. Hoy, me llegan noticias desde facebook de que el cuadro ha seguido viajando y que por fin descansa feliz y tranquilo, tras la aventura de vivir de okupa en un IKEA de Madrid, en algún lugar de Córdoba, en el sur de España. Cosas del destino, de los ácidos grasos saludables y de la vitamina E, supongo.

A quien le interese en qué consiste semejante proyecto de ambiciones internacionales y transoceánicas, que pulse aquí. A quien sólo quiera recrearse en su figura, que lo haga y que se acuerde de la última vez que abrió un aguacate para comérselo y antes de clavar el cuchillo o hundir la cuchara en su carne mantecosa, mucho antes de probar su sabor tan poco explícito pero tan apto para la mezcla con otros más potentes, pensó en fotografiarlo de lo hermoso que era. Ahora quizás también le atraiga por su musicalidad.

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