Libertad

Libertad. Jonathan Franzen; trad. Isabel Ferrer Marrades; Barcelona; Salamandra; 2011

Biodiversidad moral sostenible

“Contempló a un sinsonte brincar de rama en rama en una azalea a punto de retoñar; envidió a aquel pájaro por no saber nada de lo que él sabía; habría cambiado su alma por la de él sin pensárselo dos veces. Y luego levantaría el vuelo, sabía qué era flotar en el aire aunque sólo fuera por una hora: el intercambio era una obviedad, y el sinsonte con su vital indiferencia hacia él, la certidumbre de su identidad física, parecía muy consciente de lo preferible que era ser un ave”.

Andar haciendo cambios de canal a velocidades que exceden el límite naturalmente impuesto por el ojo humano es un incordio. No abusen por tanto del zapping, especialmente si comparten sus ratos ante el televisor con una persona con la que pretenden conservar vínculos de afecto, porque es molesto.

La novela de Jonathan Franzen (Chicago, Illinois, 1959) que tanto y tan bien está siendo comentada a lo largo de los últimos meses, Libertad, tal vez proporcione esa indescriptible satisfacción que una buena sesión -en solitario- de cambio indiscriminado de cadena provoca en el espectador.

Desde luego que esta novela se siente en el lector de un modo muy diferente a como lo hacen los programas de la muy lamentable televisión que nos ha tocado vivir hoy día, no me malinterpreten: es que su abundancia argumental y la profundidad que ofrece sobre la evolución de las vidas de sus actantes principales y secundarios está tan agitada y diluída que resulta refrescante zambullirse en ella durante sesiones intermitentes, día sí día no, a cachitos. Libertad promete evasión y entrega la máxima independencia del lector hacia el mundo que le rodea. Uno se olvida de todo, igual que cuando enciende la tele para no verla y se deja llevar por los saltos en la lista de canales, pero además, cayendo en una caprichosa paradoja aprende que no está solo, que el mundo está lleno -tal vez incluso algo superpoblado- de personas como él o como ella, con una vida que vivir y una moral con la que lidiar.

Los Berglund, una familia que se construye en Ramsey Hill (Minnesota) y que se va desmembrando entre Washington y Nueva York durante varias décadas son tan de carne y hueso que uno no sólo los comprende, sino que recibe enseñanzas sobre sí mismo gracias a ellos. Las experiencias de Patty y Walter -desde mucho antes de que se conozcan hasta el inesperado desenlace que les proporciona el novelista- son las de gente norteamericana de clase media-alta, de ascendencia judía y educación nada conservadora, más o menos desgraciada, integral, general… y en ese recorrido por sus vidas que es la lectura del libro, se fragmenta en otras muchas cosas, una generosa cantidad de personajes individuales, con voz y vida propios, con un presente y un pasado elaborados con el cuidado de un maestro de la narración.

Seguidores, admiradores y enamorados de la serie Six Feet Under no deberían perderse un documento como es Libertad.

Personas del mundo de ahora y de siempre, tampoco.

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