La danza de los invisibles

La danza de los invisibles. Ernesto Chacón Oribe, Buenos Aires: Segunda en papel Editora, 2024.

Rond de jambe à terre

No abundan las historias sobre danza, menos aún las que tratan conflictos que atañen directamente a los bailarines. Son pocas (yo no conocía ninguna) las novelas que hagan una denuncia de la irregularidad laboral en la cual se trabaja en algunas compañías. La danza de los invisibles es una de ellas y son todas a la vez.

Tras la aparatosa caída al suelo sufrida por una bailarina del Teatro San Martín de Buenos Aires, en 2007, los compañeros descubren que sus contratos no contemplan un seguro de riesgos por accidente. Ella casi muere y allí nadie se hace cargo. No tienen contrato estable. No tiene nada.

Ante el miedo de comprender que pueden perderlo todo de un día al siguiente se movilizan, salen a la calle y visibilizan el problema: piden lo que les corresponde y evidencian lo que no se les ha concedido.

Contada por uno de ellos, La danza de los invisibles retrata esa circunstancia particular sin perder de vista las generales que empapan la vida de cualquier bailarín: ensayos, lesiones, agotamiento, chismes de todo tipo, romance, rivalidad… No la esperaba y la aplaudo.

Igual que el ejercicio de barra que más odia el narrador, Ernesto Chacón Oribe (también autor aunque la historia esté ficcionalizada en algunos aspectos) La danza de los invisibles recorre el terreno conocido de aquellos que viven de la danza: parte de la primera posición y gira sobre el eje del teatro en un semicírculo perfecto que roza todas las tramas del bailarín, para regresar a la base de nuevo y cerrar ese rond de jambe à terre en la primera posición del comienzo.

Una novela que salta entre diálogos llenos de vida y descripciones de circunstancias que colocan a veinteañeros bailarines al límite de su resistencia mental, pese a encontrarse en la más plena forma física. La danza de los invisibles cumple con su objetivo de devolver la mirada a un problema real que hasta ese momento nadie se había planteado, sin olvidarse de unos personajes entrañables que la apartan del panfleto político en que hubiera podido convertirse.

Para leer y entender que sin bailarines no hay danza y que la danza, como todo el arte, no sólo se paga sino que también debe cuidarse.

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