Maniac

Maniac. Benjamín Labatut. Barcelona: Anagrama, 2023.

Capital simbólico

Una vez trabajé para alguien convencido de que, el mero hecho de prestar servicios a su empresa, confería a sus empleados un reconocimiento social que bien valía cierta cantidad de euros que él, desde luego, no contemplaba en nuestras nóminas.

Ese valor intangible adornaría para siempre nuestros currículums. A la larga, pensaba él,  le estaríamos todos agradecidos por la «insignia de calidad» que nos había colocado.

El capital simbólico tiene algo de religiosidad, supongo: creer en él implica conocimiento de todo lo demás para poder comparar y valorar en la medida correcta o, más que conocer, creer.

Conocer es otra cosa.

La hipótesis que plantea Maniac es algo así como que una mente genial sin control es más peligrosa que cualquier programa informático de la más alta precisión y complejidad. Si estuviéramos ante una novela al uso, me atrevería a decir que el argumento gira en torno a esa frustración crónica de los genios por comprenderlo todo y abarcar conocimiento sin medida frente a la amenaza de un sistema operativo «superior» que pueda saber más que ellos, pero me temo que Maniac no es una novela al uso y tampoco tiene un argumento claro.

La pérdida de referencias desestabiliza: todo es mensurable hasta que se exceden los límites y el vacío se abre bajo nuestros pies; es entonces cuando sobreviene el pánico, la angustia existencial, el «¿y ahora qué?». Aquello que parece el fin, en ese momento da paso a un nuevo comienzo.

Si con Un verdor terrible Benjamín Labatut lograba mantener en vilo al lector con curiosidades de la ciencia extraña e inesperadamente relacionadas, con Maniac ese lector va a toparse con una narración dividida en los puntos de vista de diferentes personajes, todos relacionados con el matemático John von Neumann y a él, extraña e inesperadamente con la bomba atómica, el ordenador, AlphaGo y la Inteligencia Artificial.

Cuenta su autor en una entrevista que él quería dar voz a la máquina y que fuera el propio programa informático el que narrase la novela, pero ese recurso no funcionó bien, porque como dice el refrán: del dicho al hecho hay un editor.

Puede que a Maniac gran parte de su valor se lo haya dado una sociedad asustada y juguetona ante la llegada del apocalipsis tecnológico, porque aborda la cuestión y los miedos de aquellos que saben que no hay nada más terrorífico que ser conscientes de la realidad y pone como ejemplo el fenómeno de la «alucinación de la máquina» que es, más o menos, ese punto en el cual un programa informátco (en el caso que plantea la novela, el diseñado para competir al Go) comienza a desestabilizar su sistema y se ataca a sí mismo con los únicos recursos de los que dispone: aquellos que replican estrategias de lógica humana.

Y como esto es lo que pasa cuando preguntamos cualquier estupidez a Chat GPT y él «alucina», pues nos gusta.

El conocimiento es otra cosa.

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