Nadie me esperaba aquí. Apuntes sobre el desclasamiento. Noelia Ramírez. Barcelona: Anagrama, 2025
La otra clase
«Aunque aún leo en las esquinas la letra de una canción prohibida
Que dice que en esta vida todo lo que sube baja
Y que la cuerda se rompe y se raja la baraja
Y to’ la mierda cae siempre de este lao’ de la balanza»
[«Canción prohibida». Hechos contra el decoro, 1998]
Pese a haber intentado con ganas que me gustase este texto, la verdad es que lo acabo con una sensación amarga en el estómago.
La amargura no es consecuencia de esa ira con la cual la autora nos persigue durante toda la lectura, que alza sobre su cabeza como el hacha de Jack Nicholson en The Shining para golpearnos y hacernos reaccionar, sino más bien por esa voz suya, esa actitud de cabreo rencoroso o reivindicativo de algo que no me queda claro si envidia o desprecia, algo que la obliga a permanecer colgada de un bucle infinito y empujando un pedrusco por una ladera, como Sísifo. No lo sé, pero me quedo mal.
Nadie me esperaba aquí adopta toda esa mala leche que se ha posado sobre algunos miembros de generaciones como la mía (que es también la de Noelia Ramírez) y le da forma de ensayo: la rabia por llegar a donde querías y que no te comprendan, o pero aun, que te desprecien y no te acepten porque tus orígenes son otros.
Ella ha llegado, es periodista en El Pais, publica un ensayo dentro de la colección «nuevos cuadernos anagrama» y aclara que pudo formarse en los mejores centros gracias al esfuerzo: el de su familia obrera y el suyo, estudiante brillante y merecedora de becas.
Noelia Ramírez se despoja de complejos y se deja abrigar por las citas de Brigitte Vasallo, Eve Babitz, Eider Rodríguez o Kate Zambreno como quien llega a casa y cambia su incómoda ropa de trabajo por un pijama suavecito y unas pantuflas: el buen pensamiento que todo lo cura, la correcta reflexión que es fruto de lecturas elegidas con el criterio de esa persona en quien se ha convertido a lo largo de la vida. Un origen humilde de extrarradio educado con conciencia feminista e intelectual.
Me parece todo bien, me gusta el contenido porque en él encuentro aspectos que también hablan de mí, porque amiga, date cuenta:
Ahora me produce entre pena y espanto, pero mi educación sentimental la construyeron todos esos veinteañeros que se creían alternativos…»
[p. 47]
Con citas así yo me rio, pero también hay mucho dolor en Nadie me esperaba aquí. El cinismo con el que asistimos a las muertes de personajes que dan apoyo mágico al protagonista de todas esas películas de familias ricas con las que hemos crecido. Ella arremete contra todas esas historias que visualmente han idealizado algo que, cuando la vida te obliga a enfrentarlo no es así, ni de lejos. Todas esas frases lúcidas del moribundo antes de despedirse.
La magia de Hollywood, supongo. Lamento todo ese dolor que tan bien describe y agradezco que me explique que Almodóvar en su película con Tilda y Julianne es quien expone, mejor que nadie, un momento tan delicado y tan complejo. Mi prejuicio me llevó en su momento a odiar La habitación de al lado pero anoto y aprendo.
Un ensayo escrito sin subvenciones ni apoyo de residencias para afortunados, que le ha tocado trabajar a la autora durante momentos personales terribles. Su energía no deja indiferente a nadie.
Todo bien, pero prometo que no puedo más con la expresión «transitar» empleada para absolutamente cualquier cosa que implique ir de un sitio a otro, cambiar de estado de ánimo, evolucionar o superar desgracias. Basta, por favor.

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