No siento nada

No siento nada. Liv Strömquist. Trad. Alba Nerea Borja Pagán. Barcelona: Reservoir Books, 2021

Lucrecia

Acabo de estar en Gandía, he tomado el sol en la playa y me han invitado a paella a la sombra de un toldo. No conocía Gandía, ni la ciudad, ni sus playas, ni sus toldos, ni tampoco su querencia con la familia de los Borgia, por todos los Borgia y por Lucrecia en particular: calles, edificios conmemorativos, legendarias historias y una escultura en donde la muchacha se acaricia un pecho al tiempo que arremanga el faldón en las partes bajas de su cuerpo.

Cuando me intereso por los detalles la escasa información veraz a mi alcance sugiere depravación, ninfomanía, incitación al incesto e instintos asesinos: una maravilla de retrato que, sin duda, bien merece los honores regalados por la ciudad ¿no?

Bueno, a lo mejor no, a lo mejor sólo se trata de una leyenda, una recreación mítica de la historia que deja en mal lugar a una pobre mujer y la vida que llevó antes de morir de fiebres después de parir a su octavo retoño.

“Se enrolló con su hermano” me cuenta mi amiga, anfitriona circunstancial y aquejada de mal de amores a quien me corresponde escuchar y aconsejar, porque para eso también estamos las amigas, no exclusiva pero sí permanentemente.

Al regresar deshago la maleta y termino el aclamado cómic de Liv Strömquist (Lund, Suecia, 1978) No siento nada y siento un montón de cosas, entre ellas, ignorancia profunda en materia filosófica tan útil para entendernos también en esto, en el estudio del comportamiento humano, femenino, feminista porque ¿qué plantea este libro a sus lectoras además del simple “pasar un buen rato”? Pues la manera de tratar las relaciones sentimentales y una hipótesis, la de que todo ha cambiado pero debe volver a cambiar.

Las mujeres “aman demasiado” y por eso no les ha quedado otro remedio que adaptarse al medio para no sufrir; ahora se comportan como hombres y en especial, como Leonardo DiCaprio: por acumulación y sin implicación emocional. Un desastre, nos dice Liv. Un desastre absoluto.

¿Es que acaso Lucrecia también amaba demasiado? ¿O es que un miembro cercano de su familia abusó de ella y la historia le dio la vuelta al acontecimiento? No importa: mujer, intensa, siempre es así y algo toca hacer al respecto ahora que hay voz para contarlo.

Los pitufos y Panorámix conversan entre ellos y con ellas, se entrecruzan teorías de Eva Illouz, Byung-Chul Han y una se ríe bastante pero tampoco concluye mucho: sufrir por amor es malo pero el amor es una fuerza incontrolable así que ajo y agua, dice el libro. Menos contención y más pasión. Todo bien pero para todos, no sólo para Lucrecia y todas las demás que en el mundo somos.

Echo de menos la paella.

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