Malcom & Marie

Malcom & Marie. Sam Levinson, 2021

Macarrones

Cuando llegan a casa tras la proyección de la película de él, inspirada en la vida, personalidad, crisis vital y depresión de ella, Marie prepara unos “mac & cheese” mientras él divaga en su nube de reconocimiento mediático y alcohol.

El estreno, asegura él, ha sido “un éxito”.

Ese escenario que huele a vapor de pasta hervida y mantequilla salada derretida con queso es el ambiente en donde transcurre la trama de Malcom & Marie. Ése y no otro. Ése porque no puede ser otro.

Sam Levinson, hijo de un señor que una vez dirigió Liberty Heights (peli de los noventa con Joe Mantegna, peli que recuerdo con afecto y nostalgia) después hacer pensar y flipar a la audiencia de HBO con Euphoria, algo que era desde luego difícil en estos tiempos tan dados a innovar y desechar después del visionado, estrena en Netflix un largometraje sobre una pareja que discute.

La sombra alargada de las películas de parejas discutiendo podría acecharle a la vuelta de la esquina a esta otra, podría sobrevolar cada plano y el espectador, tal vez, podría estar pendiente de encontrar comparaciones pero no: en ésta hierve una olla con pasta fuera de campo y ellos son Zendaya y John David Washington. Hay internet y por consiguiente hay redes sociales, germina la inseguridad y los macarrones se reblandecen.

Malcom & Marie plantea un tejido de rencores escondidos bajo capas y capas de relación perfecta, envidiable, estéticamente insuperable y millonaria; la casa en donde Malcom y Marie se tiran los trastos a la cabeza es una representación arquitectónica de esos sentimientos sepultados que, sin embargo, salen a la luz con total transparencia en cuanto la situación se vuelve propicia: paredes de cristal y puertas correderas, ambientes diáfanos en donde un tabique vale más que mil palabras. Ella sale a fumar y él se esconde dentro, luego él sale a continuar bebiendo y ella, con cabello húmedo después del baño y en ropa interior de algodón, se sienta a su lado y no dice nada, sólo deja que suene una canción en su teléfono.

Una película que cuenta al espectador los miedos y las fobias que ya conoce, aquellos que se alimentan del hidrato de carbono de la inseguridad y la toma de consciencia de la incertidumbre y futilidad de la vida cuando se es joven.

Pasta para cenar.

El amanecer, por supuesto, marca el final de la historia.

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