Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año

Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año. Francis Scott Fitzgerald. Trad. Julia Osuna. Madrid: Gallo Nero, 2011

El olor de la oscuridad más líquida

Zelda y Francis viven como nos hubiera gustado vivir a todos, de hecho viven como les hubiera gustado poder vivir a ellos mismos, en Nueva York, en 1923 aunque enseguida se trasladan a Long Island porque él, trata de escribir una novela. A través de breves y contundentes capitulillos, el primero de los tres artículos que compone Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año regala como de grano en grano varias perlas que son ejemplo del buen dejarse llevar y perderlo todo porque el señor Fitzgerald y esposa y se dedican a vivir a tope. Pero muy a tope. Por todo lo alto, que parece que se siga al pie de la letra esa frase de empresario jubilado que reza “para ganar dinero hay que gastar dinero” pero, en vez de por referirse al tipo de inversión que uno debe hacer en sus clientes para prosperar con su negocio, por hablar más bien del dinero de uno y el gasto de ese dinero en uno mismo hasta agotarlo, que luego ya se verá.

“No tenemos dinero. Vayamos a ver una película” dice Zelda a su esposo en un momento del relato. Y se van y gastan.

En el segundo artículo y a consecuencia del despiporre de comportamiento descrito en el primero, se explica cómo ahorrar o, más concretamente, como vivir sin dinero: Cómo sobrevivir con casi nada al año. Los Fitzgerald y su nena se van a Francia para ahorrar (qué tiempos tan extraños eran esos) y a terminar esa novela que había comenzado en el anterior artículo que se titulará El Gran Gatsby. Además del despliegue de sarcasmo xenófobo que ya una se imaginaba, se relatan las atroces pero divertidas experiencias de hotel en hotel entre París y la costa azul del Mediterráneo. Ellos, los “americanos” (aunque sean sólo tres de la parte norte del continente) y el resto del mundo concentrado en la corteza francesa de Europa. Hacía tiempo que no me reía tanto y sin embargo ¡qué trágico! se huele que las cosas van a ponerse oscuras, oscuras y “líquidas” como expresa él y para eso llegarán novelas posteriores.

El tercer artículo lo escribe quien ha recibido de manos de su hija las declaraciones de la renta desde 1919 hasta 1940, período que incluye esos tumultuosos años descritos en las dos primeras partes del libro. Aunque parezca mentira, la información que se descifraba a través de ellos (que Francis Scott se esforzaba por ahorrar y apuntaba cada capricho y necesidad invertida en dólares en varios cuadernos, pero que alcanzaba con ello un éxito semejante al de aquél que hace dieta y se atiborra a golosinas) da para otro artículo más y con ella se cierra el libro: con el olor de lo que se venía encima: la oscuridad líquida y la noche suave.

 

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