Aniquilación

Aniquilación (Annihilation). Alex Garland, 2018

“Copy that”

Me llama muchísimo la atención que haya ciertas expresiones en el cine norteamericano que se han ido fosilizando de tanto usarse y que a día de hoy, que nos hemos habituado a ver las películas en su idioma original, nos salten a los oídos como extrañas. Ya saben, el manido “tenemos que hacer algo”, “¡ánimo muchachos!”, “estoy orgulloso de ti” o “de veras”, cuando se escuchan en el inglés original son expresiones nuevas. Háganme caso, es muy curioso.

Ahora bien ¿qué sucede con el “copy that”? Al parecer es un apocope de “I copy that” con el que militares y miembros de la aviación confirmaban a sus interlocutores que habían entendido la información que se les acababa de dar y que, de hecho, habían hecho una copia exacta en sus mientes, literalmente: que podrían reproducir el mensaje tal cual.

Creo que Aniquilación tiene mucho más que ver con esa idea que con el miedo a una invasión alienígena o el advenimiento del fin del mundo.

En determinados momentos de la trama, como era de esperar, los personajes protagonistas  se lanzan esa expresión: son cuatro mujeres en una campaña que repite la que ya habían emprendido anteriormente sendos caballeros con nefasto final; se adentran en una zona que de hecho es “la zona” (como la de Stalker, quizá) afectada por un ataque de origen desconocido al que denominan “shining”. Entre ellas, osadas voluntarias cada una rumiando lo suyo, se dan órdenes, deciden, actúan y sí: se dicen “copy that”.

Pero ¿qué sucede en el argumento de esta producción vendida a Netflix? Que tras ese resplandor misterioso hay un área costera afectada que poco a poco se expande y muta toda forma de vida que se encuentra a su paso; que las cosas vivas se copian unas a otras, se reproducen los patrones y estructuras de plantas, animales y por supuesto, personas. El ataque mezcla y duplica formas y sonidos naturales dando lugar a preciosas (y peligrosas) amalgamas de vida fuera de control e ignorantes de su razón de ser.

Basada en la trilogía Southern Reach de Jeff Vandermeer (aquí una entrevista magnífica con un final aun más magnífico) la película desvela informaciones al ritmo de tres episodios muy pausados, muy tranquilos, inquietantemente pacíficos para lo terrible que es la situación y visualmente alucinados. A ratos recordamos a los Chemical  Brothers:

y a ratos recordamos otras muchas cosas pero no es importante, es más: puede que hasta sea necesario por el mensaje que nos manda la película, el de los peligros de la mímesis constante y acrítica de la información que nos llega porque puede que nos invada y nos deje vacíos o puede que nos convierta en algo que no sabemos qué es.

Cópienme eso.

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