Isla de perros

Isle of Dogs. Wes Anderson, 2018

Nadie alrededor

¿Qué os pasa con Wes Anderson? En serio, llevo años tratando de comprender qué tiene, cuál es ese poder que hace que levante las pasiones que levanta entre su gente.

No me lo explico.

Este fin de semana vi Isla de perros, es la primera vez que consigo terminar una película de Wes Anderson y creo que influye el hecho de que estuviera encerrada en una sala de cine de confortables asientos un domingo por la tarde. No tenía escapatoria. Así lo digo, aunque bueno, vale, me gustó bastante. Voy por partes.

Primero el título, que me llevaba inevitablemente a esta otra historia que nada tiene que ver con perretes de animación stop motion (habría sido una adaptación bien chula para peques y mayores ¿no te atreves Wes?) me gustó, me dije “vamos María, tienes que darle una oportunidad a todos los incondicionales de este hombre, por algo será que lo son” y allá que fui.

Luego empieza la película y empiezan con ella todos los “wesandersonismos” que hacen que habitualmente interrumpa los visionados cuando me siento en el sofá de mi casa: que si una narración fuera de la narración que apela al espectador porque así se siente más listo de lo que probablemente sea, que si la musiquilla de Desplat (aquí un respeto, que también se la hace a Polanski) que si unos encuadres de personaje chuiquitillo rodeado de mucho fondo o mucha pared detrás y que aquí, además, es una pared con ilustraciones japonesas muy molonas…

Mucho western del de verdad, del japonés que copia Tarantino, copiando a su vez el western norteamericano. Ése.

Que sí, que a vosotros os gusta y a mí no.

No me gusta salir del cine y tirarme veinte minutos cerveza en mano hablando de lo chula que es su estética, aunque lo sea, que lo es. Me gusta tomarme la cerveza y recrearme en la historia y sí, si estéticamente es brutal, pues estupendo: esos perros están muy pero que muy bien hechos y son muy simpáticos pero me han aburrido un poco.

Wes Anderson tiene mucha imaginación, eso no se lo niega nadie: coge y ambienta una película en una isla japonesa que es un vertedero de basura en una sociedad futurista y se queda tan ancho, coloca como protagonistas a perros que hablan inglés y humanos que hablan en su lengua nativa y vaya si os gusta.

A vosotros.

A mí también, un poco, me río con su sarcasmo porque esos perros me recuerdan a gente que conozco. Cosas mías.

A ver si la segunda vez que lo intento lo consigo y hasta me acostumbro a flipar con Wes como hacéis (casi) todos.

O no.

3 comentarios sobre “Isla de perros

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