Ritos funerarios

Ritos funerarios (Burial Rites). Hannah Kent, trad. Laura Vidal. Barcelona: Alba Editorial, 2014

La milla verde

Una de las cosas que más intrigan y desconciertan al lector de este muy comentado éxito editorial australiano reciente es el salto de punto de vista narrativo. No siempre es así, me explico: cuando un narrador habla y describe a sus personajes y situaciones, el lector le atiende y no se inquieta si de pronto es un personaje el que toma la palabra y piensa hablando o viceversa. De toda la vida ¿no?

Pues con esta novela se siente uno perdido en ese viaje.

Basada en los reales acontecimientos de comienzos del siglo XIX que llevaron a Agnes (a veces narradora y a veces narrada) a convertirse en la última decapitada en la Historia de Islandia, Ritos funerarios absorbe y bien.

A esta que suscribe, que anda metida en el ajo de las escrituras más que nunca, la lectura de la novela le pone los dientes de medio metro de largo por una suerte de envidia, confesable y lógica: Hannah Kent se ha documentado mucho y muy correctamente. Se nota. Se admira. Se envidia.

Todo lo que se cuenta en las páginas de este libro, se comprende si desde el comienzo, uno acepta la propuesta de Hannah y se concentra en cada uno de los detalles de ambiente que ella proporciona: edictos oficiales, cartas, mapas… todo suma y es relevante. No lo pasen por alto.

Asimismo, algún espectador de la maravillosa La bruja se sentirá arrastrado a conectar esta pintura de escenarios, oscuros presagios y enfermedad religiosa con aquella otra recreada por Eggers. Pese a no tener nada que ver, lo cual no deja de ser curioso.

Los ritos funerarios, entre otras cosas, son algunas de las actividades que ocupan a los protagonistas de de esta novela. Vemos con los ojos de campesinas islandesas de nombres impronunciables (apenas hay personajes masculinos o no son relevantes) nacidas en el remoto siglo XIX, la engorrosa circunstancia de tener que lidiar con cadáveres presentes y/o inminentes. También lo que supone convivir con una condenada por asesinato y el hecho de que te nazcan y mueran hijos con la misma frecuencia.

Y mientras tanto Agnes espera y piensa. Cuenta su historia y hasta hay quien la cree.

Igual que Susan Sarandon con Sean Penn, lo cual me pierde, insisto.

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