Paradojas de lo cool

Paradojas de lo cool. Arte, literatura, política. Alberto Santamaría. Santander. La Vorágine, 2016

Cuéntame un cuento (y verás qué contento)

“Todo estado de confusión provoca una reacción de búsqueda de causas o motivos que arrojen luz sobre la incertidumbre, así como sobre la sensación de seguridad que ésta provoca. Es en ese estado de confusión donde proliferan, por ejemplo, los ‘lavados de cerebro'”.

(Alberto Santamaría)

Importa quién cuenta, señores: importa lo que cuenta y sobre todo, importa con qué intenciones lo cuenta. Por si algún despistado tenía dudas, está a la venta en selectas librerías (y/o por encargo) un curioso libro que analiza y expone motivos para pensar sobre la cuestión de relacionar arte, literatura y creatividad con política.

Todo comienza con una cita de Walter Benjamin, o sopapo verbal al colectivo de escritores que asegura el filósofo: “no saben explicarse la función social de su trabajo”.

Con semejante arranque, una siente deseos de seguir leyendo y recibiendo bofetones. Siempre es alentador que te zarandeen y aleccionen. Una es joven (ese sigue siendo el consuelo) y en la vida hay mucho que aprender.

De modo que prosigo en mi aprendizaje y me mancho los dedos (que no lo digo figuradamente sino en el más claro y pacato sentido de la expresión: este libro mancha y mucho). Se airean trapos feos de la casa Mondadori, tanto de algunos de sus accionistas, a saber: Silvio Berlusconi, como sus orígenes antes de comprar a Random House, bajo el sello Bertelsmann AG, una curiosa editorial que propagaba publicaciones nacionalistas, antibolcheviques y racistas durante la Segunda Guerra Mundial. Muy bonito todo.

La siguiente sacudida critica ese tipo de lecturas que escogemos en vez de otras, porque son diferentes y porque son, también, críticas. Que la narrativa se ha vuelto un vehículo bueno para denunciar. Que el ensayo nos cansa y ya no interesa. Que mejor leer ficciones sobre mundos paralelos y fantásticos que ataquen a este otro en el que habitamos realmente. Pero el mercado se alimenta de esta pose, no nos engañemos: las “vanguardias de pacotilla -me ha encantado esta expresión- que deshistorizan todo estilo con fines lúdicos y acríticos” son necesarias para consumir libritos, que el mainstream es una incógnita (eso ya lo decía Berto Romero) y que el arte no entretiene.

Y todo esto sin salirnos del primer capítulo así que aviso: son 85 páginas y están bien aprovechadas. Sólo añadiré que después de leerlo, se queda una con la lengua pillada antes de pronunciar las palabras “cultura”, “calidad” e “indígena” porque las carga el diablo.

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