Mildred Pierce

Mildred Pierc.; James M. Cain(1941) trad. Elena Valentí Petit; Barcelona; RBA; 2011
HBO Series; Todd Haynes; 2011

Pasteles de madre

Sí, lo he contado más veces por aquí y además, me consta que ella me lee, así que no me repetiré con lo de que mi mamá hace unos postres muy ricos, que ya lo sabemos todos. Tan sólo aprovecho para contrastar mis vivencias personales con las ficciones que he venido siguiendo estas últimas semanas, en forma de libro y en forma de miniserie: Mildred Pierce también hace pasteles.

Y mientras tanto, mientras el horno de Mildred no para de cocinar aromáticos bizcochos, mientras ella se esmera en decorarlos con glasa multicolor y rosetones de azúcar, el mundo trata de recuperarse a trompicones de una de las crisis económicas más bestias de la Historia (hasta la fecha, al menos) la que siguió al crack de 1929.

Mildred Pierce es una mujer hábil para la repostería, segura en sus decisiones y en su individualidad, a quien descubrimos en el primer capítulo plantando cara a su esposo y literalmente “echándolo de casa” cuando ya no aguanta más los escarceos de éste con una mujer adinerada. Mildred vende sus pasteles, pero no gana lo suficiente como para mantener a sus dos hijas y se lanza a buscar trabajo, aunque no lo haya.

De modo que la tragedia comienza a invadir la vida de Mildred, de diversas formas y con muy distintos motivos, angustiante, terrible… y ella, dejando perplejos a quienes la leemos o la vemos en pantalla encarnada en las carnes de Kate Winslet, no hace otra cosa que pensar en su hija, un monstruo egoísta que además no la quiere y que es perfectamente consciente de que podrá saborear siempre los mejores pasteles porque mientras viva, su madre se dejará la piel para “cocinarlos”.

Una muy buena adaptación de la novela de James M. Cain, la historia de este corte forzoso del cordón umbilical que une a una madre con su hija ciegamente y sin criterio, sin razón; la de una mujer que sacrifica su vida y su orgullo por preservar la felicidad de su hija, sin saber que nunca podrá alcanzarla, por hacer de ésta una proyección perfecta de lo que nunca llegaría a ser ella misma ni culturalmente, ni físicamente.

Y sin embargo, hay un “pero” que no permite que el resultado final brille como debiera, aun tratándose de una adaptación reluciente: La forma en que se aborda ese fondo que es la historia de Mildred Pierce, una miniserie de cinco capítulos, tan minuciosamente descritos que llegan a cansar. Siempre es difícil trasladar a la pantalla lo que un maestro ha dejado por escrito, pero si el cine tiene la ventaja de poder “adaptar” el contenido a una duración lógica y estandarizada, la serie puede extenderse sin pudor en el tiempo lo que le dé la gana, hasta que uno se aburre.

Porque se ha explicado millones de veces y es cierto: no es lo mismo un libro que una película; convertirlo en serie, a mí hasta me parece trampa.

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