La mujer del viajero en el tiempo

La mujer del viajero en el tiempo. Audrey Niffenegger; trad.Silvia Alemany; Barcelona; Grijalbo; 2005

De todo un poco

Si en anteriores entradas a este blog me inclinaba por aconsejar con todas mis bondades, que no hay nada mejor que leer de todo para animarse a escribir y quizás -quien sabe- llegar a hacerlo bien algún día, parece que he seguido mis propios credos sin darme cuenta y me he zambullido en la más empalagosa y almibarada novela que tenía a mano para reafirmarme: sí señores, hay que leer de todo.

Leo La mujer del viajero en el tiempo porque tengo a una compañera de trabajo que me lo presta amablemente y porque siendo de agradecer que a una le presten cosas, qué menos que una lectura para corresponder el favor.

Hacia la mitad de la historia, siento tentaciones de abandonar y se lo digo a ella, que voy a devolvérselo, que es un libro un poco mareante y que no tengo voluntad suficiente en estos momentos que me empuje a alcanzar el desenlace. Mi colega lo comprende y se lamenta al ver que tampoco seré yo quien le cuente cómo termina el argumento (ella lo empieza hace años y lo deja por imposible, puntualicemos).

Entonces me reconcome la conciencia, me dispongo para la lucha y me lo termino.

¿Conclusiones? es un libro diferente en cuanto la forma pero soporíferamente repetitivo en cuanto al fondo, poco más me animo a comentar.

La historia de un muchacho con tan mala ventura, que no le queda otro remedio que vivir intermitentemente, porque sufre una extraña patología que lo traslada temporalmente hacia el futuro o el pasado, sin más lógica que la de personarse durante aquellos “momentos importantes” de la vida que al parecer, tienden a atraerlo. Entiéndase por tales momentos, aquellos que tienen que ver -cómo no- con su amada hasta la saciedad amiga, luego novia y luego esposa.

El proceso de lectura revuelve un poco las neuronas y no es cómodo, en absoluto: uno lee una fecha, un nombre de personaje y una edad; a continuación el capítulo precedido por el nombre de ella (Clare) o el de él (Henry) según sean los puntos de vista de quien lo cuenta en cada caso y el resultado nos parece tramposillo, a mí por lo menos. Escribir una novela en el presente de una primera persona y acudir a notas ajenas al texto para ayudarse con la explicación no vale. Lo bueno y lo bonito de la narración está en los juegos descriptivos, los saltos de conjugación temporal o la mezcla de perspectivas. Los diarios son otra cosa, que no llega envuelta en forma de novela al estante de una librería.

Yo si me disculpan, agarraré los bajos de este vestido fucsia con vuelo que llevo y agitaré mis caderas al son de aquella cancioncilla tan pegadiza, en plan Dirty Dancing:

“Yo quiero saber… de todo un poco…”

Descubro que hay película, justo ahora que ya me he leído el libro y qué quieren que les diga, me siento mucho mejor.

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