Jane Eyre

Jane Eyre. Charlotte Brontë; trad. Carmen Martín Gaite. Barcelona, Alba: 2000

Juanita busca su sitio

Para aquellos que no lo sepan o aquellos a los que pueda remotamente interesarles, estoy viviendo en Suiza y sí: he escogido a la cursi de Charlotte para pasar el rato mientras lucho “sudorosamente” por ubicarme en esta tierra.

Tan bonito es todo y tan correctamente funciona que una se siente como la triste y redicha Jane llegando de nuevas a un sitio extraño, aunque trate de quejarse menos y de llevar una vida más tranquila, sin tanta sorpresa de última hora.

Jane Eyre es sin duda una novela de las de antes, para pasar las hojas con cuidado y pararse en cada párrafo, como si no lo hubiéramos comprendido bien, de tan cuidadosamente descrito que se muestra el contenido (por momentos diríase que en exceso). La historia gana puntos a medida que a la institutriz homónima se le van aclarando los conceptos y aprende a reconocer que no todo en la vida gira en torno a su ombligo y que los demás, no tienen la culpa de sus desdichas infantiles, que en todas partes cuecen habas y que hay desgracias que se suceden hasta en las mejores familias.
Leyendo Jane Eyre y recordando todas las versiones llevadas al cine que una ha tenido ocasión de ver (y bien que me pesa haberme perdido la más reciente, con Mia Wasikowska y Michael Fassberder al frente) llego a al conclusión que la historia en sí es más una lección de autoestima y lucha contra los prejuicios que una típica historia de amor. Tal vez sea este sol suizo que me recalienta los pensares, pero así me lo parece tras la lectura.

Ella, que se narra a sí misma y en un flash-back nada disimulado, que se considera irónicamente insignificante pero dramáticamente heroica (la estrella de su propia película) me cae bastante mal, pero la entiendo y hasta la comparto, por momentos.
Me gusta Jane cuando se aferra a la curiosidad felina e insiste en dar respuesta a los misterios que asolan Thornfield (o “tierra de espinas” y cada quien que interprete a su manera…) cuando no se deja ningunear por el entorno y cuando no se conforma con aceptar una propuesta de matrimonio con un apuesto caballero terrateniente. Sin embargo, no me gusta nada esa Juanita confundida aunque suficiente, que insiste en darnos lecciones antes siquiera de haberlas aprendido. Con un desenlace tan apoteósico, cualquiera se considera heroína de cualquier cosa, pero tampoco hay que pasarse.

Auf wiedersehen!

 

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