El inquilino

El inquilino; Javier Cercas; Barcelona; El Acantilado; 2000.

El extraño que hay en ti

Me suele costar reconocer textos interesantes, cuando tratan de otros asuntos que no sean lo inquietante, lo morboso o simplemente lo cotidiano. Creo que esto me pasa porque vivo obsesionada con la redacción de un trabajo de investigación que cada vez tengo más claro que no lograré terminar nunca, y que se centra en estos mismos asuntos: lo inquietante, lo morboso y lo simplemente cotidiano.

Leyendo El Inquilino de Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) encuentro señales que me indican que se trata de un ejemplo más de historia sobre lo que no sabemos de nosotros mismos y que, sin previo aviso, irrumpe en nuestra vida para remover cada uno de los elementos que la componen, para desconcertarnos y para hacernos reflexionar sobre quiénes somos y sobre lo que realmente queremos, desde un punto de vista que es paradógicamente, ficticio.

Resulta que además, esta novela, cuya escritura se remonta a 1989 aunque fue publicada en el año 2000, no sólo se titula igual que la película de Roman Polanski The Tenant (1976) que a su vez se basa en la novela de Roland Topor, Le Locataire chimérique (1964) sino que abunda en las mismas circunstancias: las de un personaje de corte kafkiano, que de pronto siente que los aspectos conocidos de su existencia pasan a ser un cúmulo de despropósitos, viendo poco a poco cómo mediante la pérdida de confianza en los demás, acaba abandonando la confianza en sí mismo.

El protagonista de El inquilino, es Mario, un profesor italiano en la Universidad de Texas y el de The Tenant era un polaco de nacionalidad francesa, Trelkovsky, que trabaja como oficinista en Paris; igualmente polaco es el Berkowicz, el personaje que perturba la paz existencial de Mario en las páginas del libro de Cercas.

Hay tantas historias parecidas… tantos héroes a la búsqueda de su propia identidad, que se topan con un reflejo invertido de su propia vida, viendo otra que no es la suya, que desearían que lo fuera pero que no lo es hasta que alguien (o él mismo) demuestre lo contrario. Doppelgängers o “dobles” que se desdoblan en otras caras para las mismas monedas en películas como la reciente Moon (Duncan Jones, 2009), Yo (Rafa Cortés, 2007) The Machinist (Brad Anderson, 2004) o The Fight Club (David Fincher, 1999) por poner algunos ejemplos.

Como era de esperar, encuentro interesante la novela, aunque quizás sea porque todo en ella me resulta familiar. Acostumbrada como estoy a hurgar en los dobles sentidos de todo texto con el que me encuentro, éste viene a sumarse a la lista y me parece percibir en él mensajes cifrados de que me tengo que poner a escribir cuanto antes, porque si no alguien muy parecido a mí y en versión mejorada, va a venir a desplazarme.

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