El eunuco de mármol y otros cuentos

El eunuco de mármol y otros cuentos. Roger Salas; Madrid; La hoja del monte; 2011

Saló o Salas

Si me lo pidieran, creo que no sabría definir claramente de dónde me nace a mí el respeto y la admiración que siento por la figura de Roger Salas. Supongo que desde que tengo uso “selectivo” de la razón y leo algún comentario o alguna crítica en los periódicos cuando se estrena algún espectáculo de danza, desde entonces creo que respeto a este caballero. Sus opiniones vienen de un sitio con denominación de origen y se nota que sabe de lo que habla.

En este país nuestro, tan escaso de personal cualificado que escriba de temas tan poco mediáticos como son el ballet, la ópera o el teatro, irrumpe Roger Salas (Holguín, Cuba, 1950) y a todos nos hace un enorme favor aportando algo.

Y en medio de este torrente de buen redactar sobre el ballet y los bailarines (que entendámonos: es lo que a mí más me pone del mundo mundial) va y publica un libro de cuentos que es cualquier cosa menos agradable de leer.

Salas va trazando historietas surreales e ideales, que perforan la sensibilidad del lector hasta más allá de donde su buen gusto (o su educación) le tienen acostumbrado. Porque el lector no sabe que cada narración de este compendio, aunque precedida de una introducción bien precisa y clara acerca de la inspiración para su contenido, va a ser mucho más excesiva, explícita y exagerada de lo que imaginarse pueda.

Para mí, siento decirlo pero le sobra casi todo a cada cuento. Me quedan grabados los pasajes de seminaristas de tiempos futuros (El viaje a Roma sanguinosa), que se cobran venganza de abusos por parte de la Iglesia a base de garrotazo limpio y no precisamente puro contra el cura en cuestión. Me conmueven sin embargo los romanticismos de Cita en la casa de espejos, descripciones que tanto y tan casualmente me recuerdan a aquellas secuencias de la película Fresa y chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1994).

Más se parece la antología a los 120 días que el Marqués de Sade y Pasolini se pasaron en Sodoma, que a un conjunto de narraciones breves, inocentes o sencillas.

Que esto no manche la opinión que de su autor sigo conservando y conservaré en el futuro. Cada uno sabe por qué escoge los temas y las formas de contar aquello que mejor considera. Leerlo es una opción.

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